¿Por qué nos gustan las comedias románticas?

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Para celebrar el 14 de febrero se estrenó la versión mexicana de “La boda mi mejor amigo”, ahora, a unas semanas, se acaban de estrenar “Como novio de pueblo” y “En las buenas y en las malas” y en un par de semanas más, el 11 de abril llegará “No manches Frida 2”. Las comedias románticas se han convertido en un género clave para la industria del cine. Tan solo en 2018, cinco de las películas más taquilleras fueron comedias románticas: “Loca por el trabajo”, “Una mujer sin filtro”, “La boda de Valentina”, “Hasta que la boda nos separe” y “Ya veremos”; ésta última fue la película nacional más taquillera con casi 198 millones de pesos. Y es curioso, porque quizás el género sea uno de los más cuestionados, una especie de placer culpable, pero sin duda alguna cuenta con los ingredientes necesarios para atraer una y otra vez a los espectadores.

El American Film Institute las define como un género en el que el romance lleva a situaciones cómicas. Es decir, la historia principal se centra en la búsqueda del amor y usualmente termina de manera exitosa. He ahí una de sus claves principales, ocuparse, de manera positiva, de uno de los mayores anhelos del ser humano: el amor. Lo hace, en gran medida, como una receta, pues el género cuenta con una serie de pasos y lugares comunes que contribuyen a la “magia” del género y que alimentan en el público el deseo de ver una y otra más, la confirmación, o al menos la esperanza, de que el amor idea existe. Para ver las muchas ocasiones en las que el amor falla ya hay muchos dramas y, sobre todo, está la realidad.

Uno de los momentos más conocidos de las comedias románticas es justo cuando los personajes principales se encuentran. El manejo de los planos, el uso de música y otros recursos cinematográficos enfatizan que los personajes han encontrado a alguien especial. Sin embargo, está lejos de ser el único. Entre los elementos con los que las comedias románticas aderezan las historias está el jugar a la mascada, donde uno de los personajes pretende ser alguien más o acaba siendo confundido por alguien más. Le pasó a Aislinn Derbez en “A la Mala” y a Pedro Infante en “Escuela de Vagabundos. También es muy usual (y divertido) cuando los personajes niegan que están enamorados y entonces lo entretenido viene de ver las maldades que se hacen como también sucede en “A la Mala”.

Otro momento clave para el amor está en la boda, toda vez que lo confirma y consagra. Sin embargo, en las comedias románticas frecuentemente lo que sucede es que ésta se ve frustrada. Únicamente basta recordar a Martha Higareda en “Cuando la boda nos separe” o a Marimar Vega en “Amor de mis amores”. Y es que ahí está otro de los ingredientes esenciales. Si bien las comedias románticas dialogan sobre el amor, en el fondo lo que hacen es mostrar cómo las relaciones de pareja, cuando se ha encontrado a la correcta, implican un crecimiento y desarrollo del personaje principal. Entonces, el amor, no sólo es un fin, sino también un vehículo. Las comedias románticas podrán terminar casi siempre en finales felices, pero no siempre. En “Amor de mis amores” no todos los personajes principales terminan en pareja, aunque en muchas otras como “Amor a primera visa” y “Sólo con tu pareja”, lo hacen.

La revelación del amor siempre se da a través de un acto público donde uno de los personajes admite que ha fallado. Aislinn Derbez canta “Tú y yo somos uno mismo” en un auditorio, Daniel Jiménez Cacho está a punto de suicidarse en la Torre Latino y Sandra Echeverria lo hace frente a los huéspedes de un hotel en “Cambio de ruta”. Entonces, la industria del cine ha encontrado que estos y otros aspectos emocionales conectan de manera poderosa con el público. Es por ello, que el género es famoso por ayudar a construir carreras. En Hollywood es fácil identificar a Julia Roberts y Sandra Bullock con las comedias románicas, mientras que en nuestro país Mauricio Ochman, Fernanda Castillo y Martha Higareda se han convertido algunos de los rostros más identificados con ellas. El amor vende y el cine lo sabe, porque qué más hay que soñar y vivir a través de esa enorme pantalla que nos sumerge en la simpática y agradable posibilidad del amor… así que mientras a dejarse llevar, aunque se hayan quedado