• Uber, en su último reporte de ingresos trimestrales, señaló una pérdida de cinco mil 200 mdd

  • Dentro de Colombia, el servicio de taxis compartidos todavía es considerado como ilegal

  • Aquellos colombianos que sean descubiertos trabajando para la empresa, podrían perder su licencia por hasta 25 años

No es poco común que alguna compañía y una empresa se peleen públicamente. Hace unas horas, Versace hizo enfurecer a China por unas playeras políticamente incorrectas. FedEx y el gobierno de los Estados Unidos (EEUU) también tienen una rencilla por algunas reglas sobre importaciones. Uber se une a esta lista gracias a una rencilla con las autoridades de Colombia.

De acuerdo con Reuters, el gobierno de Bogotá impondría una multa de 629 millones de dólares a la marca de taxis compartidos. Colombia acusa a Uber de obstruir una visita regulatoria en 2017. La tecnológica presuntamente recomendó a sus conductores en el país no colaborar con las autoridades locales. Asimismo, habría bloqueado el acceso a computadoras. La empresa apuntó que, cuando le informen formalmente de la amonestación, la examinará.

Por qué no hay que hacer enojar a un gobierno: el caso de Uber

En las últimas semanas, gobiernos de todo el mundo se han apresurado a amonestar a las compañías por varias actividades y faltas. Qualcomm recibió una multa de la Unión Europea (UE) a mediados de julio por prácticas anti-competitivas hace una década. Equifax y Google también recibieron duros golpes por faltar a las regulaciones de privacidad y protección de datos personales. También Nike y UPS han recibido un par de castigos en lo que va del año.

Las circunstancias de Uber son interesantes. Sprout Social apunta que varias compañías se han visto beneficiadas de mostrar su rechazo ante ciertas propuestas regulatorias de EEUU. La politización de las marcas es un efecto que Wersm, desde 2017, ya consideraba como un requisito para las empresas. Pero como ejemplifica Bloomberg con el caso de Huawei, esto puede evolucionar a un conflicto donde más gobiernos empiecen a sumarse a la pelea.

Hay pocas circunstancias en las que una marca puede mostrar su oposición a un gobierno. En específico, cuando está respaldando alguna lucha que resuene con los valores y necesidades de su público. En cualquier otra situación, las marcas tienen mucho más que perder al entrar en un conflicto abierto con las autoridades. Uber no debería hacer enojar a Colombia. En el peor de los casos, podría arruinar su imagen ante otros agentes internacionales relevantes.