El plástico es omnipresente. Su versatilidad le permite ser insumo en 59 sectores de la actividad económica en México y se usa en el 80 por ciento de los procesos productivos del país, como pueden ser la construcción, comunicaciones, transporte, automotriz, medicina. Es empleado para hacer ropa, muebles, artículos de oficina, de cocina, electrodomésticos y hasta productos farmacéuticos.

La industria global genera ventas por más de 22 billones de dólares anuales y su valor de mercado es de 33 mil millones de dólares.

México ocupa el lugar 11 de la producción mundial de plástico y el valor de la industria y materias primas es de 325 mil 157 millones de pesos.

El plástico puede incorporarse en procesos productivos o puede ser el empaque de un producto terminado. En la actualidad, el mercado del plástico es uno de los más sobresalientes en la economía global y nacional.

Muestra de ello es su participación con el .44 por ciento del PIB nacional y representa poco más del 25 por ciento del PIB de la industria de la transformación; su crecimiento sostenido en la última década es de 5 por ciento en promedio cada año; las más de 4 mil 600 empresas del sector generan unos 260 mil empleos directos y más de 550 mil indirectos; la importación de insumos por más de 20 mil millones de dólares y la exportación de bienes por 8 mil 700 millones de dólares, lo que posiciona a México como uno de los principales exportadores de productos plásticos junto a Estados Unidos y Canadá.

Cifras de la Asociación Nacional de Industrias del Plásctico A.C. (Anipac) estiman que en los últimos 13 años el valor comercial y el valor de comercio exterior de insumos en productos plásticos se ha duplicado. Las importaciones crecieron 97 por ciento mientras que las exportaciones incrementaron 161 por ciento.

Lo que representa una oportunidad de negocio para las empresas proveedoras del país, pues se estima que actualmente existen 13 mil millones de dólares que en el 2016 se gastaron en plásticos importados.

El informe ‘The New Plastics Economy: Rethinking the future of plastics’, presentado en el Foro Económico Mundial de Davos, indica que el plástico se ha convertido en “el caballo de batalla” de la economía moderna, al combinar propiedades funcionales con un bajo costo.

De ahí que su producción pasó de 15 millones de toneladas en 1964 a 311 millones en el 2014. Y se espera que esta cifra se duplique en los próximos 20 años.

Pero después de un primer ciclo de uso, el 95 por ciento del valor de los empaques de plástico (entre 80 y 120 billones de dólares), se pierden de la economía. Y sobre todo, 32 por ciento de los residuos de plástico escapan de los sistemas de limpia y afectan el medio ambiente, esto de acuerdo al análisis de José Anselmo del Cueto, ingeniero industrial por la Universidad Anáhuac y ex presidente de Anipac.

Esto repercute en la percepción de que el plástico es uno de los principales factores contaminantes del ambiente. De hecho, el mismo estudio refiere que la opinión publica sobre los plásticos se ha deteriorado al punto de representar una gran amenaza para la industria.

“La solución no está en mejoras locales o incrementales, hay que buscar un cambio sistemático. Para lo cual se propone un Protocolo Global del Plástico que proporcione una colección básica de estándares como punto de partida para innovar. Una guía para el diseño, etiquetado, identificación, infraestructura necesaria y mercados secundarios, considerando las diferencias regionales, para superar la fragmentación de la actual economía”, refiere del Cueto.

Campaña para defender al plástico

En México, Anipac lanzó este año dos campañas en medios digitales para generar claridad entre la población sobre los mitos y las realidades alrededor de los plásticos.

“Por qué el plástico mejora nuestras vidas” es el nombre de una de las campañas que busca comunicar las propiedades y beneficios de los plásticos en diversos mercados y aplicaciones, y a la vez crear conciencia sobre la cultura necesaria para la correcta separación y disposición de los residuos plásticos, que en lugar de contaminar pueden generar valor mediante el reciclado.

La otra campaña lanzada en agosto lleva por nombre “Mitos y realidades de los plásticos”, y comunica sobre la veracidad de las percepciones que tiene el uso de plásticos.

El objetivo de ambas campañas es generar empatía sobre la adecuada disposición del plástico para su reciclaje y contribuir así a la sostenibilidad de la industria en México.

El problema y la oportunidad del PET en México

Dentro de la industria del plástico, los envases desechables han sido los más referidos por los daños que generan al medio ambiente.

El consumo de Polietileno Teraftalato (PET) en México asciende a 722 mil toneladas al año, lo que lo ubica como el segundo consumidor de envases de PET para refrescos en el mundo y el primero para recipientes de agua embotellada.

De igual forma, nuestro país es líder en el continente en acopio y reciclaje de PET, con el 50.4 por ciento del material reutilizado, a través de 14 empresas recicladoras. Sin embargo, esos esfuerzos no son suficientes, ya que el consumo va de la mano con los malos hábitos que como mexicanos tenemos.

Un ejemplo de lo anterior es que en promedio, cada mexicano ingiere 163 litros de refresco al año. Esto repercute en el empleo de unas 450 mil toneladas de este plástico. En 2014, se consumieron 234 litros de agua por persona, lo que generó 21 millones de botellas de PET al día, de lo cual sólo se recicló el 20 por ciento.

Esto repercute en que una tercera parte de la basura doméstica en el país sean envases de PET, ya que se producen aproximadamente nueve mil millones de botellas al año.

Los envases de PET son un riesgo para el ser humano y su uso constante puede liberar compuestos químicos como DEHA (dietilhidroxilamina), sustancia que provoca cáncer, o BBP (butilbencilftalato), que altera el funcionamiento hormonal y puede provocar irritación en la piel, ojos y pulmones.

En la actualidad, los océanos se llenan de ocho millones de toneladas de plástico al año; se estima que para 2020 serán 500 millones de toneladas, debido a la producción acelerada y a que el proceso de degradación del PET es más lento en océanos que en tierra.

Desde la Cámara de Diputados, este año se lanzó una iniciativa de ley que busca concientizar a la población para que consuma menos PET, reutilizar o reciclar sus envases, producir menos recipientes y así disminuir la cantidad de residuos urbanos.

También se busca que las empresas productoras y consumidoras promuevan la reducción de la generación, valorización y gestión integral de los residuos urbanos, con la finalidad de controlar la contaminación ambiental y crear conciencia sobre su uso y reciclaje.

Algunas acciones propuestas son: agregar en el etiquetado de productos que utilizan el material de PET para sus envases y embalajes, leyendas, pictogramas o imágenes sobre el daño ecológico y ambiental que producen los envases de este material, y que serán formuladas y aprobadas por la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales.

Gana dinero al reciclar tus botellas

Al igual que en las principales ciudades europeas, en CDMX arranca un proyecto en el que convergen la conciencia ambiental, la responsabilidad social, la tecnología y efectivas estrategias de comunicación.

Se trata de las máquinas diseñadas en el país por Bio Box, cuya función principal es la recolección de plástico y aluminio por medio de un programa de recompensas Payback.

Al depositar envases de plástico y/o aluminio, la máquina los comprime y recicla, lo que abona a generar una cultura de reciclaje mucho más práctica, atractiva y de fácil acceso e interacción, y que además, representa un ingreso para el usuario.

Se trata de reverse vending machine (máquina expendedora a la inversa), que en lugar de depositar dinero para obtener algún producto, la máquina ofrece puntos Payback a cambio de depositar el envase. Es decir, la máquina recompensa al usuario por tirar ahí su basura.

Los puntos otorgados a través de una tarjeta pueden ser empleados para compras en línea, y algunas de las marcas participantes son: Cinemex, Comercial Mexicana, Interjet, Hoteles Misión, Telmex, Taco INN, Sushi Ito, 7 Eleven, Krispy Kreme, entre otros.

Lomas, Polanco, Condesa, Roma y Narvarte, son algunas colonias de la Ciudad de México en donde se pueden encontrar algunas de las máquinas Bio Box.

Otros (re) usos del PET

VIEM MX es una iniciativa queretana para la construcción de viviendas emergentes en situaciones de desastres naturales, a través de botellas de plástico.

Luego de la destrucción de miles de inmuebles que dejó el sismo del 19 de septiembre, el proyecto toma relevancia por su vigencia y fomento al reciclaje.

Con centros de acopio en Toluca, Ciudad de México, Querétaro, Oaxaca, Chiapas, Morelos y Puebla, la campaña busca ofrecer una solución temporal a las miles de personas que perdieron su patrimonio.

Los impulsores de esta iniciativa explican que las botellas serán rellenadas con tierra de los mismos escombros y serán empleados como tabiques al momento de iniciar la reconstrucción de sus inmuebles.

Ciencia vs Contaminación

Una opción en desarrollo para sustituir a los plásticos derivados del petróleo es la que consolidan investigadores del Instituto de Biotecnología de la UNAM, quienes estudian las propiedades y características de una bacteria llamada Azotobacter, capaz de producir un polímero 100 por ciento biodegradable.

Desde 2016, los científicos Carlos Felipe Peña, Guadalupe Espín y Daniel Segura analizan a fondo la genética del microorganismo y los resultados les han permitido obtener cepas genéticamente modificadas capaces de producir plástico.

La bacteria Azotobacter tiene múltiples aplicaciones, entre ellas en la agricultura, pues tiene la propiedad de producir amonio a partir de aire, es decir, un fertilizante para el crecimiento de plantas.

Las pruebas realizadas con la bacteria también ofrecen posibilidades de aplicación en la biomedicina, al ser biocompatible con el cuerpo humano en la implantación de válvulas cardíacas o en el crecimiento de células de hueso, riñón o piel.

Peña ha indicado de que la bacteria posee características químicas similares a las de los plásticos sintéticos y que su costo de fabricación va de cuatro a cinco dólares por kilo, a comparación de un dólar por la obtención de los sintéticos a partir del petróleo.

Si bien el proceso es más costoso, vale la pena la inversión por las ventajas ambientales de degradación total del bioplástico. Al desecharse, la bacteria actúa como una cáscara de plátano o de naranja que se incorpora fácil y directamente en el suelo.

Azotobacter es un proyecto con más de 20 años de desarrollo. Como parte de su producción se puede obtener, además del bioplástico, un polisacárido llamado Alginato, con características físicas similares a un gel con aplicación en la industria farmacéutica y alimentaria, como en mermeladas.

Los científicos investitadores de la UNAM trabajan en el trámite de la patente, tanto de cepas como de los procesos, ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Intelectual.