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¿Periódicos vs redes sociales?

Las redes sociales cambiaron los medios en México; pero, ¿es una relación amigable?

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No es ninguna noticia que los medios de información en México, y realmente en el mundo, ya no son iguales que hace un par de décadas. Los grandes canales masivos de comunicación se han visto mayormente opacados por la prevalencia de sus contrapartes digitales. 

Las cifras lo demuestran. De acuerdo con el Departamento de Investigación de Merca 2.0, el 63 por ciento de la población en México se informa exclusivamente con periódicos digitales. Menos de una tercera parte asegura que consume tanto medios impresos como online. Aquellos que se aferran solo al print no llegan ni a uno de cada 10 usuarios.

No es un fenómeno único a México. El Pew Research Center apunta que la circulación de diarios en Estados Unidos está por debajo del nivel registrado en 1940. Pero el problema no es que la gente migre de print a digital, sino lo que eso significa para sus ingresos.

Tradicionalmente, medios print, radio y televisión subsistieron de los anuncios que se colocan entre sus contenidos. Pero con los canales digitales, estas fuentes de ingresos están escapándose.

Como apunta Javier Soto Galindo, editor de contenidos digitales de El Economista, los medios viven “un momento de conversión y adaptación de nuevas realidades. ¿Cuáles realidades? Todavía no están claras, están en proceso de definición. Pero hay un proceso de adaptación ante una situación global y local para el ejercicio de los negocios en general”.

“Enemigo” de los medios

Un concepto sale a la luz cuando se habla de cómo los periódicos perdieron ingresos ante los canales digitales: Las redes sociales. Zenith Media apunta que, por primera vez, la inversión de en plataformas como Facebook y Twitter superará este 2019, a escala global, al gasto que se hace en medios impresos.

La narrativa de “medios vs redes” no es nueva. A nivel marca, permite a la audiencia reforzar el desdén o aprobación por cada parte. Para algunos, Facebook y Twitter son parte de una evolución natural en el consumo de noticias. Otros pueden creer que el periodismo más tradicional es lo único que separa a la sociedad del caos de la desinformación y las fake news.

Pero para quienes están en medio de esta supuesta batalla, la perspectiva es distinta. Alfredo González, director editorial de El Heraldo de México, apunta que “las redes se han convertido en un canal y nueva fuente de información que pueden enriquecer el ejercicio cotidiano”. 

Por su parte, Natalia Fabeni, News Editor de LinkedIn para Latinoamérica, asegura que estos canales digitales “han abierto nuevos canales de comunicación entre las audiencias y los medios, permitiendo cosas que antes eran inimaginables, como el tener una retroalimentación directa de los lectores o consumidores, lo cual es maravilloso y genera un mundo de oportunidades, sobre todo en términos de interacción”. 

Otra cara de la moneda

Que ambas partes estén conscientes de las oportunidades de colaboración no significa que no haya tensiones. En especial, dado el entorno financiero de los medios. El director editorial de El Heraldo apunta que “el presupuesto para publicidad disminuyó considerablemente. Algo que, a todas luces, deja sin ingresos a los medios”.

El problema no es que los medios no hayan sabido encontrar otras formas de subsistencia, algo de por sí muy grave. La gran barrera es que no se han podido encontrar flujos de dinero estables.

Según el Departamento de Investigación de Merca 2.0, solo 17 por ciento de la gente  en México paga una suscripción. Y mientras el gobierno cerró la llave de la publicidad oficial, News Media Alliance calcula que Facebook y Google arrebatan hasta cuatro mil 700 millones de dólares anuales a los periódicos.

Los medios en México saben que estos sitios no pueden, no deben, tomar el control de las noticias. Jorge Jiménez Fonseca, coordinador de Reforma.com, señala que “las redes sociales son distribuidores de información, pero los grandes generadores seguirán siendo las agencias y los periódicos”.

Una cuestión económica

Si las redes sociales (y otras plataformas digitales) tuvieran canales de remuneración que recompensaran el trabajo periodístico de los medios de información, o bien éstos tuvieran fuentes de ingresos estables y suficientes, no habría nada a discusión.

Como suele suceder, es un problema económico. Un reto que los canales digitales reconocen y tratan de solucionar. Ahí está el esfuerzo de Facebook News, pagando a varios periódicos por sus contenidos. O lo que expresa Ricardo Zamora López, gerente de comunicación de Google México: “sabemos que el secreto radica en la colaboración. Desde facilitar la creación de contenidos hasta reducir la fricción en suscripción electrónica para aumentar los lectores”.

No es un asunto de voluntad o colaboración, sino de control. Bien lo pone Mario Fragoso, Social Media Manager de Grupo Milenio: “La relación es buena pero las redes tienen la sartén por el mango. Ellos deciden qué destacar, a qué darle más peso y cómo se maneja su algoritmo. Cada optimización está pensada en la experiencia del usuario, no en los medios de comunicación. Los medios debemos adaptarnos”.

Retomando el control

De acuerdo con el Departamento de Investigación de Merca 2.0, la principal razón (en el 61.2 por ciento de las veces) por la que la gente lee un artículo en línea es porque lo vio en Facebook. Otro 49.3 por ciento lo hace porque vio el titular o el enlace en Twitter. Pero, en casi la mitad de los casos, es porque la gente entró al sitio web.

No se puede negar que las plataformas digitales tienen beneficios para los medios. Son una herramienta crucial para dar a conocer sus contenidos y no hay forma de salir de este círculo. Pero si algo muestran las estadísticas de acceso a artículos, es que hay formas de cambiar la relación desigual que existe entre ambos.

Es indispensable que los medios de información inviertan en conectarse directo con sus usuarios. Métodos hay. Ahí están las apps, aún con enormes áreas de mejora. También está la experiencia de navegación en sitios web, no siempre está optimizada para el consumo móvil. Incluso se puede recurrir a ideas menos ortodoxas, como extensiones para navegadores web y hasta software en desktop.

Si las redes sociales tienen la sartén por el mango, los medios deben soltarse o buscar alternativas para su sustento. Si siguen subordinados a los ingresos que les habilitan las plataformas digitales, no va a importar cuánto puedan beneficiarse de las herramientas de Facebook, Google, Twitter, LinkedIn y compañía.


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