Pecados de diseñadores de packaging (y de sus jefes)

El etiquetado engañoso en los packaging es una “tendencia” que se está generalizando en los países en crisis como la Argentina. Las bajas ventas empujan a las empresas a nuevas estrategias de producto y diseño, pero hay casos en los que se está al límite de lo permitido.

Imagen: Twitter

En tiempos de crisis como el que se vive en la Argentina, con los precios aumentando al 47% anual y los salarios que avanzan 18 puntos porcentuales por debajo, la tendencia apunta a la compra de productos más baratos, los que muchas veces son de menor calidad.

Las segundas y terceras marcas ganan market share por sobre las líderes, simplemente porque sus precios de venta son menores.

El consumo masivo en la Argentina, especialmente en los supermercados y tiendas de cercanía, cae desde hace tres años, pero se profundizó en 2018 con la megadevaluación que hizo caer el valor del paso un 50%.

En el universo de marcas “B” o alternativas, hay también una feroz competencia por atraer consumidores, y en ese intento se detectan prácticas nada elogiables.

Uno de los ejemplos más comunes: las etiquetas engañosas, que “esconden” o “disimulan” lo que verdaderamente contienen los productos.

Esta semana se conoció la prohibición de venta en la Provincia de Buenos Aires de un producto identificado como “alimento a base de leche entera y concentrado lácteo”. El Ministerio de Agroindustria de esa provincia suspendió su elaboración y comercialización por entender que su etiqueta induce al consumidor a una confusión: le hace creer que es leche.

Claramente, al ver el etiquetado, se puede ver que se está induciendo al consumidor a creer que es leche, cuando es un alimento que tiene “algo de leche” en su constitución.

La marca la Suipachense esconde en el diseño del packaging el verdadero contenido. Prohibieron su venta.

No es la única marca que lo hace. Otras, incluso de primera línea como La Serenísima y La Lácteo, también apelan con sus segundas o terceras presentaciones a estrategias de diseño parecidas. La mayoría no está prohibida, la legislación es vaga y no pena este tipo de prácticas.

Esta bebida parece ser yogur, está en las estanterías donde se vende yogur, pero en letra pequeña dice: “bebida a base de yogur”.
Al lado de a leche verdadera (producto de la izquierda), el producto “fake”: se vende como leche, pero es “alimento lácteo con leche”.

“Las empresas están en todo su derecho a lanzar alimentos nuevos. Están aprobados. Lo que pasa es que en algunos casos se trata de algo capcioso, porque se presentan en un formato idéntico al de otro producto y, lo que es más grave, mezclados con los ‘verdaderos’ en las mismas góndolas”, dijo a Vía País Vanesa Ruiz, directiva del Centro de Almaceneros de Córdoba, en el centro de Argentina. Esto publicábamos en 2017 en Merca2.0.

Y hay casos en numerosos rubros de alimentos, como pasa con este café, por ejemplo:

Arlistán se vende junto con el resto de las marcas de café, pero es “polvo para preparar infusión a base de café y jarabe de glucosa con colorante”.

En los quesos rallados también hay muchos casos:

No es queso rallado, sino “alimento a base de queso rallado, sólidos lácteos y fibra dietaria”.

En las redes y en los grandes medios argentinos, fue el tema de la semana.