¿Qué pasará con la industria aérea en tiempos de vetos migratorios?

The abandoned wreck of a US military plane on Solheimasandur beach near Vik Southern Iceland

Las ventas generadas por servicios aéreos de pasajeros rebasaron durante 2016 los 533 mil millones de dólares. Los números crecen en relevancia cuando son considerados los ingresos registrados por las primeras cinco empresas del sector.

En 2009 el sector aéreo experimentó una leve contracción de 1.4 por ciento, cifra que tuvo efectos menores si se considera que al año siguiente la industria creció un 9 por ciento.

Hasta 2015, Delta Airlines habría generado 40.5 mil millones de dólares, seguida por United Continental Holdings con 37.5 mil millones de dólares y en tercera posición Deutsch Lufthansa con 35.5 mil millones de dólares. En cuarta y quinta posición se encontraban KLM – Airfrance e International Airlines (British Airlines) con 28.9 y 25.3 mil millones de dólares de ventas respectivamente.

Las distancias cortas que separan a un competidor del otro habla de un segmento dinámico que además de ofrecer interesantes caminos para ampliar la competencia, ha demostrado a lo largo de la historia que incluso en tiempos difíciles tiene la capacidad para mantener un desarrollo sostenido.

Durante 2008, de acuerdo con cifras de la IATA y ICAO, la industria de la aviación creció apenas el 1.8 por ciento, para el 2015 esta cifra fue del 6.7 por ciento; ese último año, el sector sumó utilidades por 29.3 mil millones de dólares en 2015, cifra que sería equivalente a las ventas anuales generadas por Nike Inc.

No obstante, la industria se encuentra frente a una crisis que quizá no pueda controlar gracias, en buena mediada, las políticas migratorias impuestas por Estados Unidos y los efectos que estas mediadas han tenido en todo el mundo.

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Acciones a la baja

Desde que el presidente Donald Trump anunció el cierre de fronteras, el endurecimiento de los procesos migratorios y el veto a visitantes de países en su mayoría de origen musulman, las aerolíneas de todo el mundo se encuentran en el ojo del huracán.

Los viajeros esperan que las empresas prestadoras de esto servicios tomen una postura ante un asunto que muchos han catalogado como una amenaza a los derechos humanos; no obstante, esta esperada respuesta es cautelosa por lógicas razones, aunque los impactos de esta decisión se han hecho sentir en el desempeño del negocio.

A finales de enero pasado las aerolíneas de Estados Unidos estuvieron a la baja luego de que ese último fin de semana el gobierno de Donald Trump prohibió la entrada a ciudadanos de siete países: Irán, Iraq Sudán, Somalia, Siria, Yemen y Libia. Como consecuencia, y después de que las diversas líneas aéreas señalaron a través de comunicados de prensa que se alinearían con las nuevas políticas del gobierno de Estados Unidos, American Airlines cayó 5.86 por ciento, United Continental 4.39 por ciento, Alaska Air Group perdió 2.32 por ciento, Delta Airlines 3.64 por ciento y JetBlue Airways hizo lo propio con 2.04 por ciento.

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El asunto no será exclusivo para las aerolíneas americanas. Desde finales del año pasado diversos especialistas apuntaban a que el 2017 sería un año complicado para la industria de transporte aéreo como consecuencia de los altos precios del combustible, la volatilidad del peso frente al dólar y las políticas restrictivas propuestas por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.

De acuerdo con cifras publicadas por El Financiero, entre el 50 y 60 por ciento de los gastos operativos de las aerolíneas mexicanas se cotizan en dólares, situación que sumada a lo anterior implicaría un aumento en las tarifas y servicios así como una reducción de viajeros en el corto plazo. El panorama anterior dibuja un escenario en el que, según cifras de Sigmun Research indican, los pasajeros aéreos podrían reducirse hasta en un 20 por ciento en tan sólo un año. 

Reputación en riesgo

La complicada situación que atraviesa las aerolíneas en el mundo se grava aún más cuando los resultados de desempeño financiero se suman a las crisis de imagen y marca que, en algunos casos, se desprenden de las medidas migratorias actuales.

Por ejemplo, Aeroméxico anunció que a partir del 1º de febrero cobrará la primera pieza de equipaje documentado en vuelos entre México y Estados Unidos o Canadá. La nueva política implicará un costo para los pasajeros de 500 pesos, 25 dólares americanos o 25 dólares canadienses cuando el pago se realice en mostrador, mientras que en precompra mediante el sitio web, call center y oficinas de boletos, las tarifas bajarán a 400 pesos, 20 dólares americanos y 20 dólares canadienses.

Aunque a través de su sitio web la compañía argumentó que esta medida forma parte de una estrategia para reducir el impacto de los fenómenos económicos actuales puedan tener en el precio de sus tarifas, lo cierto es que la medida causó el descontento de más de un pasajero que no reparó en manifestar su molestia a través de redes sociales.

Hasta 2016 Emirates Airlines era la líder en valor de marca con 7 mil 743 millones de dólares una suma importante si se compara con Delta que solamente sumó 6 mil 301 millones.

Caso similar ocurrió con el reciente vete tecnológico impuesto por las autoridades de Estados Unidos y Reino Unido el cual, desde el pasado 25 de marzo, rige la prohibición de viajar con dispositivos portátiles y tablets de mano la mayoría de los vuelos procedentes de Oriente Medio y África del Norte hacia Estados Unidos y el Reino Unido como una medida para controlar la posible actividad terrorista en vuelos aerocomerciales.

Estos procedimientos, afectan de manera directa a nueve aerolíneas, según Al Jazeera: Royal Jordanian Airlines, EgyptAir, Turkish Airlines, Saudi Airlines, Kuwait Airways, Royal Air Maroc, Qatar Airways, Emiratos y Etihad Airways.

Estas empresas se han enfrentado en los últimos días a reclamos por parte de los usuarios quienes desconocen la medida, lo cual ha provocado el retraso de diversos vuelos.

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Fusiones ¿una opción?

Las inversiones en infraestructura y soluciones que optimicen el servicio al cliente sin duda será clave, más aún si consideramos que los números indican que el sector de servicios aéreos se ubica como uno de las industrias con la peor gestión de atención al usuario, cuando menos en Estados Unidos. No obstante, traer innovación a la oferta comercial per se de las aerolíneas no bastará para afrontar los complicados meses que se avecinan.

La compra de acciones de Aeroméxico por parte de Delta alcanzarían un monto total aproximado de 12 mil 088 millones de pesos.

Aunque la fusión y adquisición de empresas más pequeñas puede ser una estrategia de valor para ampliar presencia en mercados poco explorados así como mejorar los servicios que se entregan al cliente final, lo cierto es que no puede entenderse como el único salvavidas al cual atender.

Lo sucedido con Aeroméxico y Delta es claro ejemplo. Semanas atrás Delta Air Lines presentó una propuesta para adquirir hasta un 32 por ciento más de las acciones que ya posee de Aeroméxico, esto impulsó el valor de las acciones de la marca nacional en la Bolsa Mexicana de Valores (BMV). Con esto, Delta incrementaría su presencia en el mercado mexicano además de tener la oportunidad de aumentar su participación en Aeroméxico hasta en un 49 por ciento, esto debido a que ya posee el 4,1 por ciento de las acciones en circulación, pero puede adquirir un 8,1 por ciento adicional -según las cláusulas del acuerdo vigente-, además, el Fondo de Pensiones de la estadounidense tiene una opción más para comprar un 4,6 por ciento.

La aerolínea mexicana ganaría presencia en el mercado estadounidense, además de acceder a nuevas soluciones y servicios que le permitirían mejorar la atención a sus pasajeros.

No obstante luego de que el Consejo de Administración de Grupo Aeroméxico aceptará la oferta de parte de la compañía estadounidense al considerar un “precio justo” por las acciones de la aerolínea mexicana, propuesto en 53 pesos por fracción, cayeron las acciones de la línea aérea mexicana de 47,57 pesos a la apertura, a 44,25 pesos al cierre, mientras que las de Delta se depreciaron en un 0.49 por ciento en el NYSE de la bolsa de valores de Nueva York.

Los ingresos de las aerolíneas comerciales estimadas para este 2017 son de 736 mil millones de dólares, esto de acuerdo a cifras de IATA e ICAO.

Por tanto uno de los retos más importantes para la industria aérea en general será aumentar el valor de sus marcas, no sólo de la mano de inversiones alineadas a mejorar la flota, integrar nuevos servicios y amenidades para el viajero o explorar nuevas formas de conexión con el cliente.

El asunto demandará estrategias más complejas de comunicación real y en dos vías con el consumidor final, quien reclamará mayores explicaciones en menor tiempo sobre los fenómenos macro en terrenos políticos y económicos que tienen impactos tangibles en sus experiencias de viaje.

Si bien la situación abre un mar de desafíos también supone un terreno de competencia quizá más plano, en el que la buena comunicación será la llave para que las aerolíneas low-cost compitan con las grandes firmas y viceversa.

El panorama se dibuja fácil en la teoría, llevarlo a la práctica sería lo que marque e la diferencia en entre las grandes marcas y sólo las marcas grandes.

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