• En la industria de los smartphones, según Statista, Samsung, Huawei y Apple llevan la delantera en dominio del mercado

  • Para 2021, se espera que haya más de tres mil 800 millones de usuarios de dispositivos mobile en el mundo

  • De acuerdo con el Pew Research Center, la generación de entre 18 y 29 años son los más dependientes de estos aparatos

Dentro de la tecnología para los consumidores, hay varios mercados notables. La Realidad Virtual y Aumentada se posicionan lento pero seguro como canales de entretenimiento llamativos. Los asistentes de voz y el voice-search también brillan por las posibles aplicaciones que podrían tener para los usuarios. También la conducción autónoma promete grandes cosas a la industria. Pero no hay mercado más grande que el de los dispositivos mobile.

En cifras de Statista, para 2010 había solo dos mil millones de unidades mobile en el mundo. Pero se espera que para finales del próximo año, este número sea de 10 mil millones. Según la misma firma, las ventas significaron ingresos globales de 522 mil millones de dólares (mdd) en 2018. Claro, algunos agentes como IDC advierten que la industria está en retroceso, con un crecimiento año con año de -1.9 por ciento. Pero aún así, es una mina de oro indiscutible.

Tan así, que las compañías de tecnología mobile están en una cruda guerra por conquistar el mercado. Agentes como Samsung, Huawei, Apple, Xiaomi, Google y otros dan su mejor esfuerzo para atraer la atención del público. Pero sus métodos son, poco a poco, cada vez menos “caballerosos”. Es evidente que las productoras de smartphones se han dado cuenta que no basta con ser la mejor. Deben jugar sucio para incrementar su dominio de la industria.

Una guerra mobile sucia

Para muestra, bastan dos ejemplos. A mediados de la semana pasada, el gobierno de los Estados Unidos (EEUU) inició una investigación contra Huawei. Presuntamente, la marca china habría robado tecnología mobile y empleados a sus rivales para salir adelante ilegalmente en la guerra por la industria. El movimiento se dio poco después que Apple aparentemente lograra convencer al presidente Donald Trump de ayudarla a cumplir con sus metas comerciales.

Tan solo un día después, Google y Apple protagonizaron uno de los escándalos más grandes de las últimas semanas. La subsidiaria de Alphabet, a través de su unidad de investigación, descubrió uno de los fallos más graves en el sistema operativo mobile de su rival. Esta revelación no solo fue un duro golpe contra la compañía de Tim Cook y su discurso en torno a la privacidad. Fue un paso adelante en su lucha por hacer más atractivo y rentable su Pixel.

Competencia fuera de control

No solo los agentes del entorno mobile emplea estrategias poco amigables para conquistar sus respectivas industrias. En el mercado de las apps de citas, las campañas publicitarias se han vuelto abiertas confrontaciones entre marcas. Dentro de los servicios financieros, las grandes compañías han establecido un agresivo enfoque de compra masiva de startups. Por otro lado, las redes sociales solo se han puesto a copiar entre sí sus mejores funciones.

La tecnología mobile, específicamente en smartphones, está sufriendo de bajas ventas a escala global. Eso significa que no basta con mantener un rol prioritario en el mercado. Las marcas de la industria necesitan, casi forzosamente, dominar al mayor segmento posible de la audiencia para mantener a sus accionistas satisfechos. No hay otro camino al crecimiento financiero sostenido. A la vez, capturar nuevos clientes con buen servicio no lleva muy lejos.

Cuando menos, no tan rápido como le gustaría a estas grandes marcas de la industria. Jugar sucio es solo una consecuencia de las difíciles condiciones en las que se encuentran estas compañías. Se puede esperar que los grandes representantes de la tecnología mobile tengan incursiones cada vez más violentas y osadas contra sus competidores. En próximos meses, no sería sorprendente que aumente el número de iniciativas de desprestigio, ataque y burla.

En esta batalla, será interesante observar qué marca decide apostar con mayor desesperación.