• En Chiapas, la UIF registró un modelo de fraude que buscaba estafar a beneficiarios de la Secretaría del Bienestar

  • A través de un elaborado engaño, se convencía a la gente de depositar a cuentas falsas para desbloquear su presunto apoyo

  • También se ha puesto un especial énfasis en México al combate del secuestro en medio de la crisis sanitaria

Ya es un fenómeno bastante reconocido el que la pandemia ha ayudado a potenciar algunas de las actividades económicas que tienen lugar a través de los canales digitales. Videojuegos, streaming, home office, herramientas de colaboración, ecommerce y otras industrias similares han tenido unos meses muy productivos en 2020. Sin embargo, también se vio un aumento en una serie de actividades ilegales en el ciber-espacio. Lo anterior aplica en el caso de México.

De acuerdo con El Universal, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) advirtió del aumento en una serie de actividades ilegales. Entre ellas, el fraude financiero y la usurpación de identidad. También la trata y pornografía infantil, a través del internet, tuvo un incremento sustancial en México durante los meses de la pandemia. Ante este fenómeno, se han tomado múltiples acciones para reducir su impacto.

Entre marzo y mayo de 2019, el titular de la UIF, Santiago Nieto Castillo, mencionó que se realizaron 41 millones de denuncias relacionadas a fraudes por préstamo o empeño. En una entrevista con El Universal, apuntó que en ese mismo periodo de este año, solo en la Ciudad de México (CDMX), ya se hicieron 81 millones de reportes. También advirtió de una serie de estafas en estados como Chiapas, que pretenden robar recursos a pequeños empresarios.

Una mala consecuencia de la pandemia en México

No es del todo sorprendente que este tipo de crímenes digitales se hayan disparado en medio de la pandemia. Hay que recordar que, en México, se incrementó en un 70 por ciento el uso de la banca digital a raíz de esta crisis sanitaria. También es importante destacar que, ante la gran popularidad del home office, ya se había registrado una subida de 40 por ciento en el número de incidentes de ciberseguridad. Así pues, no se trata de una notica particularmente sorpresa.


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Pero sí pone énfasis en la necesidad de mejores estrategias de protección en línea. De nuevo, la súbita digitalización de la economía no solo está generando consecuencias positivas para empresas e individuos. En todo México también se está multiplicando el uso de los canales en línea para fines delictivos. Lo anterior representa un reto para las instituciones de gobierno. Y es que deben estar a la altura de estos agentes maliciosos para proteger a todo el público.

También es importante recordar que no es un desafío sencillo. En términos de ciberseguridad, la pelea entre agentes maliciosos y empresas o instituciones legítimas tiende a volverse eterna y jamás resolverse del todo. Lo único que pueden hacer ambas partes es intentar mejorar de forma constante sus herramientas para estar por delante. Y es una inversión que México debe asumir pronto, siendo que los hábitos digitales propios de la pandemia se conservarán futuro.

Combatiendo incidentes de ciberseguridad

La lucha por la protección de usuarios y el público general en el espacio digital tiene un sinfín de precedentes. De hecho, en México, se estima que menos del 24 por ciento de las empresas tiene la posibilidad de defenderse ante un ataque malicioso. Algunas cifras apuntan que, para finales del año, la inversión global en este sector será de 124 mil millones de dólares (mdd). Y elementos como la Inteligencia Artificial (IA) y el phishing son de los retos más preocupantes.

¿Cómo pueden las autoridades de México, o de cualquier otro país realmente, prepararse para afrontar la ola de riesgos digitales que está propiciando la pandemia? En datos de Governing, se han creado grupos multi-agencia para tratar de protegerse a sí mismos y a los ciudadanos. FireEye, por su lado, apunta que el monitoreo constante de amenazas es un requisito crucial. Y el HBR apunta que el foco debe estar en protocolos y sistemas, no en un software específico.

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