Menos libros, más Netflix

Entre 2013 y 2017 la venta de libros vio una baja de entre el 24 y el 37 por ciento entre encuestados de 20 a 50 años, a consecuencia de la llegada de Netflix a la Unión Europea

Su servicio se ofrece en 190 países, llega a más de 130 millones de hogares del planeta, ha producido algunas de las series más exitosas de todos los tiempos y su modelo de ver contenido cuando al usuario le apetezca a cambio de una cuota mensual, llegó para cambiar la forma en que consumimos películas y series.

Netflix es el nuevo gigante de la industria audiovisual, sin embargo, las exorbitantes cifras de su éxito no son inocuas; la realidad es que los altos estándares de calidad en las producciones que la plataforma presenta están cobrando una víctima muy importante: la lectura.

A mediados de este año, la Asociación de Editores y Libreros Alemanes publicó un estudio que afirma que el hábito de la lectura se ha perdido en este país europeo a consecuencia de la preferencia de las personas por las películas y series que ofrece Netflix.

De acuerdo a dicho informe, entre 2013 y 2017 la venta de libros vio una disminución de entre el 24 y el 37 por ciento entre encuestados de 20 a 50 años, como consecuencia de la llegada de Netflix a los países de la Unión Europea.

El comunicado de prensa que acompañó al estudio de dicha asociación alemana explicaba que, entre la sociedad, hay cada vez más presión para reaccionar de manera constante y estar atento a no perderse algo de lo que ocurra en internet y en Netflix.

México, por ejemplo, es uno de los países que más consume contenido en la plataforma de streaming.

Al menos es el país con más usuarios que ven Netflix todos los días, uno tras otro, de acuerdo a los informes de la compañía. No en balde, un mexicano vio el año pasado 354 veces la película de Monsters Inc.

Pero ¿de qué manera la lectura está disminuyendo a consecuencia de que los usuarios están prefiriendo el catálogo que presenta Netflix por arriba de toda la historia de la literatura universal?

En México no existen aún estudios que demuestren una proporción directa entre el crecimiento de usuarios de Netflix y los hábitos de lectura, sin embargo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) sí menciona, en su último informe del Módulo de Lectura (Molec) en abril de este año que, de la población de 18 años o más que consume libros,
disminuyó de un 84.2 a un 76.4 por ciento en el periodo de abril del 2015 al mismo mes de 2018. Así, sólo 45 de cada 100 mexicanos aceptó haber leído un libro en el último año.

Y es que, evidentemente esta tendencia es parte de los hábitos que las nuevas y no tan nuevas generaciones hemos adoptado a la hora de elegir el contenido que consumimos y la forma en cómo lo deseamos.

Diversos estudios hacen hincapié en lo difícil que puede ser no quedar enganchado por contenido que ofrece Netflix y otras plataformas como las redes sociales. La alegoría del barril sin fondo describe a la perfección la realidad hiperconectada en la que coexistimos quienes podemos ver tres, cuatro, cinco capítulos de Luis Miguel la serie, House of Cards o La Casa de las Flores y aún no quedar satisfechos.

Un libro, dicen los analistas, tiene un fin. Cuando lo abrimos para leerlo, sabemos que eventualmente habremos llegado al final y lo cerraremos como la terminación de un círculo. Sin embargo, una serie de la que que todos sus capítulos son lanzados el mismo día, parece no tener fin, y es ese formato y la manera en que la plataforma presenta estos materiales lo que hace que sea difícil ponerle un hasta aquí.

Lo mismo ocurre con las redes sociales, pues un muro de Facebook, Twitter o Instagram tiene un comienzo, pero nunca un final. Podemos prolongar por horas el scroll que hacemos en nuestros celulares y la información pareciera nunca terminar.

Una experta en adicciones de Centro de Psicología en Barcelona, consultada por Vice España, señala como las causas principales a nuestra adicción por el contenido en demanda una cultura de poco esfuerzo y gran confort en la que estamos sumergidos, aunado a la gran carga de trabajo que la mayoría experimentamos, realidad que no nos permite contar con la energía suficiente para retener lo que nos da una buena lectura, por lo que terminamos eligiendo una serie, con el confort que esto significa.

Por su parte, la Universidad Nacional Autónoma de México define como Seriefilia a la adicción a las series televisivas, un trastorno que es alimentado por una limitada vida social, a lo que se suma una fuerte liberación de dopamina, con lo que, los usuarios experimentamos un constante deseo de ver un capítulo tras otro hasta agotar una o varias temporadas.

Así, podemos afirmar que, a los de por si marginales hábitos de lectura que ya ostentábamos, se le suma un enemigo poderoso que ofrece contenido poderoso, adictivo, difícil de rechazar y en formatos diseñados para obligar a nuestros cerebros a darnos placer. Difícil competir contra eso.