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Marcas y marcadores: Seis lecciones de la fallida Superliga

En unos días, la Superliga pasó de un proyecto que cimbró hasta lo más profundo de las estructuras del futbol europeo a un mal trago

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En un par de días, la Superliga europea pasó de ser un proyecto que cimbró hasta lo más profundo de las estructuras del futbol del Viejo Continente (y mundial, inclusive) a ser un mal trago, aparentemente superado por todos aquellos que se sintieron atacados por esta naciente iniciativa que murió al poco de establecerse.

Con algunos puntos positivos que nunca fueron bien comunicados y que terminaron por ceder ante la fortísima oposición de muchos de los involucrados en el futbol, la fallida propuesta deja algunas enseñanzas que vale la pena repasar a modo de lecciones para evitar el fracaso de un ofrecimiento tan innovador como revolucionario.

NO TOMAR EN CONSIDERACIÓN A LOS STAKEHOLDERS (AFICIONADOS Y JUGADORES)

Parece elemental pero no lo fue. La Superliga se enfocó en un objetivo primario: la generación de un gran número de recursos para sus participantes a partir de la realización semanal de partidos de gran envergadura. Pero cometió el grave error de intentar aniquilar a la Champions League, una competición absolutamente aspiracional, olvidándose de que los seguidores de los equipos y los propios jugadores, piensan en ella como un amor platónico. Y esto le granjeo pronto el desprecio absoluto de aquellos que se suponía habrían de respaldarla.

PENSAR QUE TODO PUEDE FUNCIONAR COMO SI FUERA LA NFL O LA NBA

Muchos medios europeos hablaban de la “americanización del futbol europeo” buscando referirse al salvavidas que finalmente parecía llegado desde el otro lado del Atlántico para seguir ordeñando a la vaca a manos llenas. El copiar el modelo norteamericano no lo es todo y no necesariamente puede aplicarse al futbol. Para el deporte más popular del mundo, las ligas cerradas no sirven para nada. Aquí los mejores aspiran a ascender a la división superior y los más malos a descender. En los Estados Unidos, los perdedores logran las mejores selecciones colegiales del draft universitario. El futbol no funciona así.

CREER QUE GANAR DINERO A MANOS LLENAS ES LO ÚNICO QUE IMPORTA

Es cierto que el deporte ha sido uno de los sectores más resentidos con la crisis mundial de la pandemia que nos aqueja, pero también es uno de los más mal gestionados. Muchos de los equipos que originalmente estaban alineados con el proyecto de la Superliga pierden dinero al excederse en sus presupuestos y la propuesta de generación de recursos les atrajo como la luz acerca a las moscas. Una vez más quedó demostrado que el deporte se rige por otra clase de valores y si bien, la generación de importantes sumas de dinero es importante, tampoco lo es todo.

DEJAR DE LADO LOS SUEÑOS Y LAS ILUSIONES DE AQUELLOS QUE PRESENCIAN LA COMPETICIÓN

Varias generaciones de jugadores y espectadores crecieron viendo la Champions League por televisión abierta (que no restringida, como ahora) imaginándose estar allí sobre el campo deleitando al aficionado o sobre las gradas alentando al equipo de sus amores. Y se volvió algo idílico, etéreo, un sueño al cual pocos podían aspirar pero que estaba allí en pos de ser alcanzado. La Superliga rompía de súbito con todo que había sido imaginado en la niñez y en la juventud. Era ese monstruo que destrozaba lo que queríamos alcanzar y se ganó un odio inmediato y eterno.

NO FIJARSE EN LO QUE QUIEREN LOS PRÓXIMOS CONSUMIDORES

En una entrevista televisiva, Florentino Pérez, presidente de la Superliga europea descubrió el agua tibia al afirmar que los jóvenes de 16 a 24 años no están interesados en el futbol y supuso que la nueva competición los iba a redimir de esto. Pasar por encima de los intereses de los aficionados y sus gustos puede costar muy caro.

NO SE PUEDE ATENTAR CONTRA UNA MARCA ICÓNICA

A una marca icónica se le puede competir, si, pero hay que respetarla. No es cualquier marca. Es una lovemark. La Champions League cae en esa categoría. Podía o no gustarte el futbol pero cualquiera sabía que hablar de la Champions es hablar de futbol de calidad.

Y todo está revestido de ello. Antes de empezar el partido, el sólo hecho de escuchar el himno enchina la piel, después ya rueda el balón y los contendientes despliegan su mejor futbol en aras de conseguir la victoria y de dar el mejor espectáculo que les sea posible crear. No es cualquier partido, es un encuentro de la Champions League, no de una artificial Superliga creada con codiciosas intenciones.

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