Los tipos de liderazgo que ya no deberían existir

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Imagen: Bigstock

“El liderazgo es la capacidad de transformar la visión en realidad”, Warren Bennis.

Si bien el líder es el guía, la forma en la que desempeña su labor es la clave para que ese proceso realmente surta efecto y el liderazgo se consume.

El liderazgo nato no está exento, hay que moldearlo para crecer su efecto. Pero quienes tienen un liderazgo impuesto deben trabajarlo doblemente.

Incluso, si es el caso, erradicar su forma de liderar cuando se centre en ser imperativo o emocional, considerando la ola de comportamientos renovados que ha generado el empoderamiento de las nuevas generaciones.

Para muestra, el liderazgo número uno a eliminar, el imperativo. Este estilo consiste en mandar a los demás a que hagan lo que decimos, literalmente “haz lo que te digo” y obviamente las consecuencias de eso serán responsabilidad directa de quien dio la orden.

Pero ante generaciones menos mecánicas y más proactivas, de corre el riesgo de quedar en ridículo porque una orden puede ser abiertamente desafiada con argumentos. Además, este tipo de liderazgo es obsoleto y poco positivo en general.

Este estilo es de gran riesgo por eso, pero también porque a nadie le gusta que le digan qué hacer y no recibir una explicación de fondo para el objetivo.

Ya lo dijo Peter Daisyme: “Empiezo cada día diciéndome que soy una influencia positiva para este mundo”, no una imposición.

El siguiente que debería desaparecer es el que se basa en emociones y vínculos con los demás. Si bien el ser humano es emocional, condicionar esta relación con la empatía suele terminar mal porque no siempre se está en un mood positivo y disponible para ponerse en el lugar del otro. Cuando esto falla, todo se derrumba.

El liderazgo emocional también debería dejarse de lado, pues el dirigente establece armonía entre los que le siguen y resulta en una guía y apoyo en momentos difíciles, desde ahí es donde les dirá lo que está mal y bien y terminarán por realizar lo que él cree que es lo menor sin pedírselos.

Ya lo dijo Steve Jona: “Mi trabajo no es ser complaciente con las personas. Mi trabajo es empujar a estos grandes trabajadores que tenemos y hacerlos aún mejores”.