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Ley y mercadotecnia no necesariamente es buena combinación

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Por León Felipe Sánchez Ambía

Correo: leonfelipe@sanchez.mx

Twitter: lion05

De todos es sabido que las leyes y reglamentos muchas veces obstaculizan más de lo que protegen o ayudan. En el caso de la industria de la música, la ley se ha convertido en la peor publicidad que pueda tener dicho sector. Lo más grave es que, esa ley que tan mala imagen les causa, ha sido impulsada directamente por los cabilderos contratados para impulsar cambios a la legislación que regula los derechos de los autores y los titulares de derechos conexos.

Una de las formas más eficientes para perder a un cliente es ofendiéndolo y atacándolo. Justamente esto es lo que está pasando con la industria de la música y muchos consumidores y usuarios de internet a nivel mundial.

Dice Cory Doctorow que hay que imaginarnos a una persona que llega al supermercado y al momento de pagar sus compras recibe un golpe en la cara por parte del cajero. La reacción lógica, además de un disgusto y tal vez una riña, sería no regresar a comprar a ese supermercado por ningún motivo. Si esto lo llevamos al mercado de la música, probablemente encontremos una de las causas, que no la única, del desplome de la industria musical.

Las recientes iniciativas impulsadas en la Cámara de Diputados que pretenden, por un lado, establecer el pago de un canon o gravamen a los aparatos que permitan la grabación y reproducción de contenidos así como a los soportes físicos que permitan grabar música y, por otro, aquella que pretende obligar a los proveedores de servicios de internet a monitorear el tráfico de sus clientes y denunciar a aquellos que presuntamente intercambien archivos que contengan obras protegidas por la Ley Federal del Derecho de Autor son justamente ese golpe en la cara al consumidor que les compra lo que producen.

Uno esperaría que con el pago del canon digital, como se le conoce coloquialmente en España, país donde se ha implementado esta medida, se podría copiar y reproducir libremente cualquier obra protegida por el derecho de autor debido a que, según el espíritu del canon, ya se habría resarcido el probable daño al titular de los derechos de la obra de que se trate, sin embargo eso no es así. En realidad, el canon digital no es visto de esta forma por quienes lo promueven. Por el contrario, es visto como una fuente adicional de ingresos que permita garantizar la subsistencia del agotado modelo de negocios de una industria que se niega a evolucionar.

De aprobarse una medida como esta, me parece que estaríamos frente a la complicidad del Estado para convertirse en recaudador, mediante el brazo público, de dinero de particulares que, difícilmente encontrarían un mecanismo adecuado y transparente para poder repartir los ingresos que dicho gravamen les representara.

Por ejemplo, dado que dicho gravamen se aplicaría de forma indiscriminada, es de suponerse que en algún momento del año a cada uno de nosotros nos debería de llegar un cheque por concepto de regalías recaudadas a través de este canon, considerando que hayamos quemado un disco con fotografías de nuestras vacaciones familiares, por ejemplo, y de las cuales somos autores. Nada más lejano de la realidad que este sueño de opio.

Son las Leyes de Mercado

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