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Las interrupciones del WhatsApp, amenaza para la productividad

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En definitiva, usar aplicaciones como WhatsApp en el trabajo está bien y no debería prohibirse. Lo que debemos aprender es a dosificar su uso de forma correcta para que no suponga una interferencia en nuestra jornada laboral.

Cuando hablamos de interrupciones en el trabajo siempre pensamos en los compañeros, las llamadas telefónicas y el email, pero ahora hay que sumar el WhatsApp, aplicación gratuita de mensajería multiplataforma lanzada en el año 2009, que permite a los usuarios hacer videollamadas y llamadas de voz, enviar mensajes de texto, compartir su estado y más con solo una conexión a wifi. Parte de lo que vuelve atractiva a esta aplicación es que funciona en diferentes sistemas operativos –teléfonos y computadoras– de manera que los usuarios pueden seguir las conversaciones a cualquier hora y en cualquier lugar.

Según cifras de Statista, para julio de 2021 WhatsApp era la aplicación de mensajería instantánea más popular con aproximadamente 2.000 millones de usuarios en todo el mundo. Messenger, WhatsApp e Instagram —todas propiedad de Facebook— reportaron a finales del mismo año un total de 3.510 millones de usuarios activos mensuales, distribuidos las cuatro plataformas.

Más allá de la innegable versatilidad del WhatsApp, desde hace algunos años y cada vez con más fuerza, se ha convertido en una de las principales fuentes de interrupciones en el trabajo.

Los servicios de mensajería tienen la particularidad de combinar un canal de comunicación secuencial muy similar al email, pero nuestro interlocutor espera recibir respuesta inmediata como si se tratara de una llamada de teléfono. Por eso a muchos usuarios este tipo de tecnologías les crea ansiedad y algunos terminan por no utilizarlo.

Servicios como Skype o Gtalk han contribuido para mejorar la productividad, pero para ello ocurra también con el WhatsApp, deben establecerse periodos para para responder a los mensajes dentro de la jornada laboral. Como la mayoría de estrategias de manejo de las interrupciones en el trabajo, poder aplicar correctamente este principio tiene un fuerte componente educacional. Debemos ser comprensivos y ayudar a nuestros familiares, amigos o compañeros de trabajo a que compartan nuestra visión de que es genial estar en contacto por WhatsApp, pero no porque reciba un mensaje estoy obligado a responder inmediatamente.

Esta es quizás una de las interrupciones más difíciles de manejar por la reacción que puede generar en nuestros interlocutores. Aunque desde hace muchos años han existido los MSN o Skype, no ha sido hasta el auge de los smartphones cuando se ha convertido en una forma de comunicación realmente instantánea y absolutamente masiva. Eso supone que no exista una cultura sobre qué esperar de tus interlocutores dentro una forma de comunicarse relativamente nueva.

En definitiva, usar aplicaciones como WhatsApp en el trabajo está bien y no debería prohibirse. Lo que debemos aprender es a dosificar su uso de forma correcta para que no suponga una interferencia en nuestra jornada laboral. Ciertamente es muy útil para comunicarnos de manera rápida y en cualquier momento. Sin embargo, esta última característica puede ser molesta y afectar a la productividad, ya que se asume que usar WhatsApp es sinónimo de disponibilidad total las veinticuatro horas del día.

Nos ha hecho muy fácilmente accesibles a cualquiera que tenga nuestro número de teléfono: nos podrá mandar cualquier mensaje sin tener en cuenta nuestra privacidad, en cualquier momento del día, en cualquier situación y sin ningún tipo de límite.

Como mensajería instantánea que es, puede llegar a ser muy intrusiva, pudiendo llegar a ocasionar, con sus mensajes, las improductivas interrupciones y distracciones que tanto afectan al trabajo. Por no mencionar que también es un medio que da lugar a errores y peligrosas confusiones que pueden perjudicar, sobre todo, a tu trabajo y a tus relaciones personales. Estos malentendidos son menos frecuentes en una conversación oral.

Si una comunicación normal entre personas, cara a cara, puede resultar, en muchas ocasiones complicada, no podemos esperar que una comunicación por WhatsApp sea más sencilla, más clara y esté exenta de dificultades.

Cuando nuestra interacción con otras personas se realiza a través de un móvil, especialmente por escrito, perdemos toda la información que aporta la presencia física (lenguaje corporal) de la otra u otras personas. No olvidemos que debemos ser conscientes de la dificultad y complejidad del lenguaje escrito a través de estos aparatos y de que es muy probable que los mensajes, sus lecturas y las respuestas, si se dan, no coincidan en el tiempo, complicando de esta manera todo.

La tecnología aporta recursos útiles cuando se usa correctamente. De lo contrario puede resultar perjudicial. Hay que tomar en cuenta que el uso indiscriminado del WhatsApp  puede afectar a tu productividad o a tus relaciones personales o profesionales. 

 

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