Para nadie es un secreto que una de las firmas que peor la está pasando en medio de la pandemia es Adidas y su último reporte financiero confirma la situación.

Con caídas en ventas previstas en más del 80 por ciento, miles de tiendas cerradas y una estrategia en digital que parece no consolidarse, el gigante alemán se ha visto en la urgencia de solicitar diversos créditos para mantenerse a flote.

De los inicios de la pandemia y más de 3 mmdd en crédito

Tan sólo con el cierre del merado chino, Adidas reportó un desplome en sus ingresos de hasta 80 por ciento, situación que se vio agravada con la expansión del virus por el resto del mundo, lo que obligó  al afirma a desprenderse de sus locales de venta en Europa, Estados Unidos y Canadá.

Ante este contexto, a principios de marzo pasado, la compañía detallaba que, durante el primer trimestre, sus ventas registrarían una caída de mil 140 millones de dólares, únicamente por el freno de actividades en China, al tiempo que sus ganancias operativas se desplomarían en cerca de 500 millones de dólares.

Ante la tendencia a la baja y un cada vez mayor número de mercados afectados, de acuerdo con información de la AP, Adidas solicitó un rescate millonario al gobierno de alemán, mismo que fue aprobado por más de 3 mil 300 millones de dólares (mdd). 

A esto se suman otros 600 millones adicionales de la mano de un consorcio de bancos asociados en Adidas, por lo que la firma anticipó que “devolverá todo el dinero utilizado, incluyendo los intereses y tasas tan rápido como sea posible”.

Una caída del 95 por ciento

Hoy este escenario de perdidas ha sido confirmado por la propia compañía, con la publicación de su reporte trimestral en donde se registra una caída de 95.1 por ciento en beneficio neto.

Según el documento entregado por el fabricante de ropa y calzado deportivos, durante los primeros tres meses del año, su beneficio neto atribuido alcanzó los 31 millones de euros, cifra que es menor en 95 por ciento a lo alcanzado en el mismo periodo del año anterior.

“Nuestros resultados del primer trimestre hablan de la gravedad de los retos que el brote de coronavirus representa incluso para empresas saneadas”, declaró el consejero delegado de Adidas, Kasper Rorsted.

Cabe destacar que todos lo indicadores de la firma se mantienen a la baja en el periodo estudiado y a tasa anual: las vetas cayeron 19.2 por ciento, la facturación de Adidas descendió 20.1 por ciento, mientras que Reebok hizo lo propio en 11.4 por ciento.

Ate el escenario, Adidas indicó que durante el segundo trimestre sus resultados podrían mostrar un efecto negativo aún mayor.

Con el cierre de más del 70 por ciento de sus tiendas y aunque no ofreció proyecciones oficiales, la firma podría reportar una caída de 40 por ciento en sus ventas e incluso un resultado operativo negativo.

Aunque Kasper ha mencionado que “a pesar de la actual situación, confío en las atractivas perspectivas a largo plazo para Adidas”, debido a que “estamos bien posicionados como una compañía global con marcas fuertes”, la realidad es que las cifras podrían dar sustento a las estimaciones hechas por algunos analistas que apuntan a una posible quiebra.

¿Quiebra a la vista?

El contexto futuro proyectado tiene que ver con la manera en la que marca respondió a la crisis de 2008 cuando comenzó a tener problemas financieros nuevamente.

Con caídas en ventas de 2 por ciento nivel mundial, y una caída puntual de 9 por ciento en Europa, ante la crisis Adidas en el primer trimestre de 2009, los beneficios netos de la firma habían caído un 97 por ciento.

Lo cierto es que en aquel momento, la caída en los mercados no fue generalizado. En aquel momento, las ventas habrían crecido en Latinoamérica 16 por ciento, en Asia 3 por ciento y Norteamérica un 1 por ciento.

En esta ocasión, las cosas son muy diferentes. Según el último reporte de Adidas, las ventas de la compañía en Asia Pacífico se desplomaron en 44.7 por ciento, mientras que en Europa y América, la tendencia fue la misma en un 8 por ciento y 3.8 por ciento.

Ante estas cifras, la marca parece perder una batalla que ninguna marca esperaba tener que librar y menos con los alcances que ahora tiene y que, se espera, tenga en el futuro.

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