La mitad del tráfico en línea es artificial. ¿Cómo nos manipulan los bots y sus dueños?

Seguramente por lo menos una vez en tu vida has notado un perfil de RRSS que, aunque tenía un gran número de seguidores, realmente causaba poco interés y sus posteos contaban con muy pocos comentarios y reacciones por parte de su comunidad. Al ver ese fenómeno por primera vez, uno puede preguntarse: ¿Cómo es posible? ¿De dónde vinieron estos likes?

Sin embargo, la mayoría de nosotros llegamos rápidamente a una conclusión similar: estos no pueden ser likes reales. Una investigación nos permite descubrir que la comercialización de Me gusta y Compartimientos, conocidos en plataformas de las RRSS como Facebook, Twitter o Instagram, es muy común en línea, mientras el mismo negocio está creciendo rápido, y con justa  razón; pues hay muchas personas interesadas en ese tipo de servicios. 

En el mundo actual, el número de seguidores define el estatus social virtual y también permite ganar dinero como influencer. Curiosamente, estos servicios son utilizados no solo por pequeñas empresas o estrellas locales de Instagram, sino también por las celebridades más grandes del mundo de la política y la cultura pop.

En 2017, cuando Donald Trump oficialmente tenía alrededor de 31 millones de seguidores en Twitter, Newsweek publicó los resultados de una auditoría realizada por una empresa externa especializada en la industria de fake followers. Sus resultados fueron sorprendentes; la investigación indicó que casi la mitad de los seguidores de Trump eran conocidos como cuentas falsas. Una información similar también apareció en el caso de Barack Obama. 

Finalmente, la información sobre los seguidores artificiales de Trump fue parcialmente confirmada. Como resultado de la purga que realizó Twitter en 2018, su cuenta perdió alrededor de 300,000 seguidores durante una sola noche.

Aunque pareciera que hay personas tan populares que nunca necesitarían recurrir a ese tipo de manipulaciones para aumentar su fama en las redes sociales, resulta que los servicios de fake engagement son comunes incluso entre las estrellas mundiales. Basta mencionar que una de las celebridades más populares de los últimos años, Kim Kardashian, perdió 1.3 millones de seguidores (o aproximadamente el 5 por ciento de todos sus followers) en unos pocos días en 2017. Y esto todavía no es mucho en comparación con los 2.51 millones de “fans” que Lady Gaga perdió en la purga que en julio de 2018 llevó a cabo Twitter. 

Como pueden ver, la magnitud del fenómeno es enorme. Durante muchos años, las redes sociales principales ignoraban el problema, ya que el número de usuarios aumentaba la antracción de inversionistas. Mientras tanto, la información del tráfico artificial en el Internet ha estado presente en los medios durante años.

En 2013, la empresa Incapsula analizó cerca de 1.500 millones de visitas desde 249 países. Al final resultó que, más del 60 por ciento del tráfico de Internet es generado por los robots, y solo menos del 40 por ciento es el resultado de la actividad humana. En el mismo año, The Times informó que prácticamente la mitad del tráfico de YouTube son “robots que se enmascaran como personas”. 

Aparentemente, la cantidad de tráfico artificial era tan grande que los empleados de la compañía estadounidense temían que el sistema comenzara a reconocer el movimiento humano real como el artificial.

Aunque el problema ha existido en el discurso público durante años, parece que apenas las últimas elecciones estadounidenses y la influencia rusa en ellas, encendieron el debate internacional sobre la actividad de los bots en Internet, y en particular en las redes sociales.

Un estudio realizado en 2017 por un equipo de científicos de la Universidad del Sur de California y la Universidad de Indiana confirmó que aproximadamente el 15 por ciento de todos los usuarios de Twitter son robots. En noviembre, Facebook también admitió ante sus inversionistas que, de hecho, las cuentas artificiales son el doble de lo estimado inicialmente, es decir, el alrededor de 60 millones.

No es de extrañar; el mercado mundial del enagement artificial parece ser enorme. Una de las empresas que se ocupaba de ofrecer likes, shares e incluso vistas en YouTube, informó que entre 2014 y 2017 generó más de $1.2 millones de dólares, vendiendo a sus clientes 196 millones de vistas en YouTube. Y todo esto con la ayuda de las llamadas Click Factories (o fábricas de clics), como la ubicada en China:

Los bots y las cuentas artificiales, sin embargo, no se usan solo para mejorar las estadísticas en las redes sociales; se utilizan para manipular, para influir en los debates políticos, mandar el spam e incluso para llevar a cabo el fraude financiero. En el 2017 salió a la luz la información de un grupo de hackers que, utilizando su red de casi 570,000 bots, durante muchos meses manipulaban las plataformas de publicidad más grandes del mundo. El modus operandi del grupo era simple: de forma masiva mandaban los bots a sus propios anuncios para aumentar sus impresiones y en consecuencia, cobrar a las plataformas hasta $14 dólares por 1,000 impresiones. Según las estimaciones, estas visitas fake les costaban a las plataformas desde $260,000 hasta $ 1.3 millones dólares diarios (sic!)

¿Serán esos eventos lo suficiente para unir fuerzas e intentar a limitar la presencia de bots en el Internet, o por lo menos en el social media? ¿Serán las plataformas como Twitter o Facebook capaces de desarrollar herramientas y procedimientos que los protejan de manipulaciones similares a las de las elecciones estadounidenses? ¿O será que los hackers triunfarán otra vez? Valdrá la pena poner atención a ese fenómeno.