La incomodidad de los premios

Llega de nuevo Cannes y todas las charlas alrededor de Cannes. Qué pieza gana, cuál es un trucho y el famoso “a mi no me importan los premios”. Ya sea que estés de un lado o del otro de ese pensamiento, la mayoría nos encontramos en que no se trata nada más de ganar un metal. Si amás en serio este trabajo, tu responsabilidad es hacer algo que supere lo que se hizo, al menos, la última vez. Ese juego cíclico, año tras año, es una provocación como profesional.   

Durante 16 años hice deporte y fui parte del Seleccionado Nacional de Patinaje Artístico. Cada competencia, era un desafío de precisión: 2 minutos para mostrar el entrenamiento de meses. 5 saltos, 3 trompos y un poco de magia que le sumabas a tu coreografía, te dejaban afuera o te subían de categoría. Así de determinante. Lo que se siente al perder, ya se sabe. Lo que sentía al ganar, era inexplicable. Ahí, automáticamente venía el deseo de volver hacerlo, pero un poco mejor.

Tiempo después, trabajando en publicidad, me encontré con la misma suerte de entrenar y medirme. La diferencia entre el deporte (al menos el mío) y la profesión, es el dinero de por medio. Pero el resto, se trata de algo muy similar: pasión. No todos estamos dispuestos a hacer el esfuerzo extra para lograr un trabajo que se destaque entre otros. Alcanzar esa ecuación, es una coreografía en la que cliente y agencia tienen que hacer sincro. Es común escuchar “no queremos publicidad de premios, queremos una campaña que venda” y así, sin mover nada ni polemizar, se lanza un mensaje de 15 segundos, con el logo en los primeros 3, pautado hasta en la sopa. Sin riesgo y sin provocar ningún cambio. ¿Pero vos estás seguro que sólo querés llegar hasta ahí como publicista?

Las campañas que dan vuelta el juego y se destacan, no son esas; y eso lo sabemos todos.

Si tenés suerte y vas a Cannes, la última noche verás que no hay nada más eficaz que una buena idea. Una, que construye una marca, que está bien hecha, que es real y valiente; y sí, que también vende.

Los premios son efímeros, pasan. Pero darle más valor y calidad a lo que estás haciendo cada día, debería ser el motivador para responderte hasta dónde querés llegar y si ya es suficiente como para detenerte ahí.

Cada año con Cannes reaparece la posibilidad de mirar trabajos inquietantes con el objetivo de sacarte del lugar cómodo y desafiarte, para ver si tu caso de 2 minutos logra un premio; o si estás seguro de que lo podés lograr más de una vez, un poco mejor.