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La estrategia del avestruz

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Más del 71 por ciento de los aficionados no se siente tomado en cuenta por el club al que respalda.
Francisco San José, periodista deportivo con experiencia en investigación de mercados y mercadotecnia deportiva.

El 10 de marzo fue un día histórico para el futbol mexicano. En la tarde de esa jornada, un anuncio de la Comisión Disciplinaria de la Federación Mexicana de Futbol, sancionando a dos jugadores por agredir a sendos árbitros en diferentes partidos del torneo de Copa, desató la ira de los silbantes y de paso, abrió la caja de Pandora, exhibiendo otras muchas cosas más.

Los resultados de esas acciones, los conocimos y los padecimos todos. Pero para quienes juzgaron tales hechos, en realidad, nada de importancia parece haber acontecido.

No es materia de esta columna juzgar lo que los árbitros hicieron, lo que si hay que reseñar es que, como siempre, hubo más afectados de lo que podríamos imaginarnos, con daños colaterales en dos actores importantes del negocio y que poco se repara en ello.

En cualquier categoría de productos o servicios y en distintos sectores empresariales, los clientes son la parte más valorada de la ecuación comercial. Cualquier reclamación se debe de atender con la mayor prontitud buscando reparar el daño causado y así restablecer la confianza para no perderlo como consumidor. Por ello, las áreas de Servicio al Cliente se han desarrollado tanto en los últimos tiempos y tienen tanta relevancia.

Pero esto no parece aplicar al mundo del futbol nacional que se rige por normas distintas a las del mercado y en donde la satisfacción del cliente es un asunto sin importancia.

Por eso no extraña el dato que arroja la Tercera Encuesta de Calidad del futbol mexicano que publicó recientemente el diario El Economista. Allí se señala que más del 71 por ciento de los aficionados no se siente tomado en cuenta por el club al que respalda.

Como tampoco parece extraño que, después de la súbita cancelación de la fecha diez del campeonato mexicano, a causa de lo ya reseñado, nadie se haya preocupado un ápice por todos aquellos aficionados que ya habían emprendido el viaje hacia otra ciudad para seguir a sus colores.

Diversas notas de prensa dieron cuenta del gasto que hicieron varias parcialidades de equipos de la liga local y que literalmente se fue a la basura. Algunos medios reseñaron que aficionados de los Pumas de la U.N.A.M., gastaron 118 mil pesos entre la renta de autobuses, boletos de avión y comida para desplazarse a Guadalajara, para ver allí el partido que jugaría su club ante el Atlas y que no se celebró.

O la histórica foto que los seguidores del Necaxa se tomaron en el monumento del Ángel de la Independencia de la Ciudad de México para aprovechar el viaje que hicieron desde Aguascalientes después de no poder ver a su escuadra que enfrentaría al América.

Y cómo éstos seguramente varios más se quedaron con las ganas y sin dinero, pero también sin respuesta alguna de una liga que muy poco los considera.

Las consecuencias están por venir

El otro gran damnificado del parón futbolístico de marzo fueron indudablemente los patrocinadores. Sí, todos aquellos que a cambio de promover sus marcas en nuestro balompié, le otorgan a éste, generosas cantidades de dinero como contraprestación.

Para ellos, la suspensión por una semana de la liga local trae como consecuencia que no puedan exponer los nombres de sus productos en los estadios y en las camisetas de los equipos, con la consiguiente pérdida, ya sea económica o en imagen.

Ante esto, el interés de los que auspician por seguir siendo parte de esta comunidad, podría venirse abajo y habrá que esperar a los próximos meses, cuando los acuerdos se renueven, para ver qué clase de repercusiones han tenido las últimas crisis que se han desarrollado en nuestro doméstico torneo y que hoy en día, lo han ido desacreditando.

Según la creencia popular, cuando se encuentran en peligro, los avestruces esconden la cabeza en el suelo rehuyendo o ignorando el posible problema y queriendo salir del paso sin afrontarlo. A algunos les gusta seguir esa misma estrategia.

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