La Aldea Global en problemas

El espíritu de la Aldea Global que conlleva que todos los habitantes del mundo puedan relacionarse entre sí sin barreras y que puedan intercambiar productos

Harold D. Laswell
Federico Torres

El concepto integrador que Marshall McLuhan proyectó como una gran premisa social y que en su nombre lleva su trascendencia y valor: la Aldea Global, acuñada en 1970, está por desaparecer.

Las ideas de este gran filósofo, profesor de literatura y comunicador, mismo que es reconocido como uno de los estudiosos dedicados a los efectos de los medios de comunicación en la sociedad, impactan en la Aldea Global como la descripción de las interconexiones humanas a gran escala, que incluyen las relaciones comerciales, financieras entre países y el derribo de fronteras.

La globalización del mundo se apoyó sin duda en su teoría, haciendo más fácil la liberalización de procesos y sistemas.

La noticia ahora, estimados lectores, es que esta praxis se ve amenazada por el resurgimiento de los nacionalismos como sistema de gobierno.

Analicemos el caso:

Liah Greenfeld, define el término nacionalismo en un sentido general como el conjunto de ideas y de sentimientos que conforman el marco conceptual de la identidad nacional. El nacionalismo está más orientado hacia el desarrollo de una identidad basada en características como el idioma, etnia y religión; por tanto, busca preservar la cultura nacional.

En una palabra y acudiendo a las definición más clásica este concepto es “una ideología política basada en el principio de que cada nación tiene el derecho a formar su propio Estado para realizar los objetivos o aspiraciones sociales, económicas y culturales”.

El tema delicado aquí es que, basados en dichos términos, algunos gobernantes del mundo cierran sus fronteras para protegerse de todo lo que le pueda afectar en su dinamismo interno, lo cual impacta de lleno en la línea de flotación del concepto mcluhiano.

Los movimientos nacionalistas son más habituales en Europa, España y Francia, sin descartar a Finlandia, Suecia o Dinamarca. Barcelona es ahora mismo, ejemplo mundial de una región española que desea independizarse, cansada de cargar con su economía el peso de toda la península.

En América, Donald Trump se definió a sí mismo como nacionalista y como tal ese sentimiento ha marcado varios de sus proyectos políticos. México se ve afectado por uno de ellos, que es la construcción del muro fronterizo que busca precisamente salvaguardar sus fronteras y a sus habitantes, de caravanas de migrantes que amenazan los puestos de trabajo de sus ciudadanos y que exigen con su estancia allá, fuertes cantidades de dinero para proporcionarles servicios que merecen primero los americanos residentes.

Trump con sus posturas enérgicas no deja de sorprender con su declarado nacionalismo al citar en 2106 una frase célebre de Mussolini: “Es mejor vivir un día como un león, que 100 años como una oveja”.

Otro impulsor del nacionalismo es Vladimir Putin, el líder ruso que en un solo fin de semana se anexó la península de Crimea argumentando que la madre rusa los podría recibir de nuevo, una vez que el 25 de diciembre de 1991 Crimea y 14 regiones más se independizaban de Rusia buscando mejores niveles de desarrollo. Ucrania lucha actualmente contra el gobierno de Putin por el mismo motivo.

¿Qué tenemos entonces?

El espíritu de la Aldea Global que conlleva que todos los habitantes del mundo puedan relacionarse entre sí sin barreras y que puedan intercambiar productos y servicios sin aranceles, está siendo amenazado seriamente por el resurgimiento de nacionalismos que obstaculizan este flujo de intercambios. Todavía más, algunos nacionalistas están asesinando inocentes en el mundo como en Nueva Zelanda y Holanda en nombre del concepto.

Es bueno preservar la cultura y la identidad de los pueblos, provoca pertenencia, pero es malo que estos sentimientos nacionalistas exacerbados rompan la sana convivencia y la seguridad de los habitantes del globo terráqueo.

Nos encontraremos más adelante.

Federico Torres López.