• El 58 por ciento de los estudiantes universitarios admite haber cometido plagio alguna vez en su carrera

  • Halifax es una división del Banco de Escocia, que a su vez pertenece al congomerado Lloyds Banking Group

  • Monzo, por su parte, es uno de los primeros bancos fintech que surgieron en Reino Unido

En la industria creativa, la originalidad es un concepto muy valioso. No solo se trata de un componente indispensable en la identidad de marca. Además, cuando una empresa o individuo se roba el trabajo de alguien más, puede ser motivo de un conflicto legal. Por supuesto, es inevitable que dos diseños sin relación alguna terminen pareciéndose sin que se haya cometido un crimen. Pero cuando el plagio es evidente e innegable, viene el conflicto.

Un ejemplo claro es el incidente que protagonizaron los bancos Halifax y Monzo. Ambas instituciones, la primera tradicional y la segunda digital, tienen sus cuarteles en Reino Unido. Como parte de una estrategia de rebranding, Halifax lanzó su propia app móvil. El problema es que, como lo denunció el CEO de Monzo Tom Blomfield en Twitter, el diseño es un plagio. La información en algunas imágenes de ejemplo corresponde a cuentas y empleados de Monzo.

La denuncia de plagio ha reunido más de 10 mil interacciones en los últimos días. Algunos usuarios de Twitter señalaron que el error no fue directamente de Halifax. Apuntaron que una agencia independiente, Rufus Leonard, fue la responsable de diseñar la app. La firma se sumó a la conversación, asegurando que la imagen publicada por Blomfield era un ejemplo que su cliente rechazó. Halifax, por su parte, solo agradeció por la información.

El plagio como riesgo a la identidad de marca

Pocas cifras describen la incidencia del plagio en la industria creativa y de publicidad. Sin embargo, se puede estimar que es bastante frecuente, dada su incidencia en el círculo académico. Estudios citados por Plagiarism.org apuntan que entre ocho y nueve de cada 10 estudiantes hicieron trampa en un examen o trabajo. Y entre el siete y 36 por ciento de los alumnos admiten haber copiado, parafraseado o robado información de otra fuente sin citarla.

Y hay bastantes ejemplos en el mercado como para asegurar que no se trata de un incidente aislado. En 2016, un agente creativo independiente denunció a la agencia de McDonald’s. Reafirmó que uno de sus videos sirvió de “inspiración” para un comercial de la marca. Otro plagio relevante fue reportado en 2014. Entonces, la agencia creativa de Volkswagen fue acusada de haberse robado la idea de una organización civil para una campaña comercial.

En este caso, tanto Halifax como Monzo parecen ser víctimas de Rufus Leonard. El banco tradicional, por una parte, recibió la mayor parte de las críticas por el robo del diseño hasta que la agencia creativa se metió en la discusión. A la vez, la rival de tecnologías financieras (fintech) fue afectada porque su app fue utilizada comercialmente sin permiso, pago o aviso. Como se maneje el caso de plagio, podría ser beneficioso o negativo para ambas compañías.

Halifax podría cortar lazos con Rufus Leonard y exigir un reembolso por sus servicios. Por su parte, Monzo podría interponer un recurso legal por plagio contra la agencia. De esta forma, ambas marcas pueden limpiar sus nombres y quedar bien ante el público por actuar en contra de estas prácticas. Pero con esta acción se arriesgan a que la compañía demuestre que, en efecto, se trató una simple propuesta de diseño donde se usó información al azar.

De ser así, ambos bancos podrían poner en riesgo la reputación de su marca como compañías que intentan abusar de los agentes más pequeños del entorno para su propio beneficio.