Internet elitista en México, el reto de la conexión para todos los sectores

“Internet es la primera cosa que la humanidad ha construido y que no entiende. Es el experimento más grande de anarquía que hemos tenido”, según lo considera Eric Schmidt.

Cuando este empresario —quien ha sido CEO de Google y presidente ejecutivo de Alphabet— habla de humanidad se refiere, por supuesto, a los afortunados que tienen acceso a internet, que en México son 82.7 millones, casi 70% de la población total, de acuerdo con datos recientes de la Asociación Mexicana de Internet.

Aunque resulta alentador que 7 de cada 10 mexicanos gocen de los beneficios de internet, hace falta poner atención en el restante 30%, integrado por, como es de esperarse, grupos sociales que no viven en zonas urbanas y carecen de servicios básicos. A ellos, además, se les niega el acceso a internet, que en 2011 fue consagrado por la ONU como un derecho humano, así como en tratados internacionales y, desde 2013, en la Constitución Política de México.

Negar un derecho tan importante como el de la conexión al ciberespacio deriva en la imposibilidad del ejercicio de otros tan importantes como los derechos a la información, al conocimiento y a la libertad de expresión.

Cifras del INEGI revelan que 73.1% de los habitantes de las zonas urbanas son usuarios de internet, mientras que sólo un 40.6% de pobladores de zonas rurales pueden acceder a la red.

Como un ejemplo que muestra la desigualdad existente, la semana pasada el Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) y la asociación 5G Américas presumieron que México ocupa el segundo lugar, entre 19 países de Latinoamérica, en uso del espectro radioeléctrico para brindar servicios de internet y telefonía. Esto garantiza que las redes no se saturen y soporten un mayor número de usuarios conectados, lo cual, por supuesto, sólo beneficia a los habitantes de las urbes y no de los pueblos.

Vale la pena exigir que antes de presumir los avances en la materia —como ocurre cada 17 de mayo, Día Mundial del Internet—, gobiernos, empresas y organismos pongan el ojo en la brecha cultural que impide el desarrollo digital de muchas comunidades.

En una crónica de Artículo 19 publicada en Animal Político, organización de origen inglés que trabaja en la defensa y promoción de la libertad de expresión en el mundo, narra la situación de aislamiento de algunas comunidades de la sierra de Guerrero, en donde el gobierno nunca ha sido capaz de garantizar conectividad a internet, a pesar de proyectos como el de aulas multimedia durante la administración de Vicente Fox.

Los habitantes de estas empobrecidas regiones tienen que acercarse a pueblos más grandes y pagar una o dos horas de conexión inalámbrica a internet deficiente y costosa, lo que mantiene la desigualdad y barreras para el progreso.

Aunado a la falta de cobertura en algunas zonas del territorio, se encuentra también la mala calidad de conexión a internet que tenemos en México. Un estudio publicado por Cable, compañía británica de análisis de datos, indica que el país no sólo no ha aumentado su cobertura, sino que incluso ha retrocedido en la velocidad de su internet, materia en la cual ocupa el lugar 85 entre 200 países.

Dicho estudio revela que de 2017 a 2018 se presentó un incremento mundial en la velocidad de internet, que pasó de 7.4 a 9.1 megabits por segundo en promedio, mientras que México pasó de 7.59 a 5.69.

Ante las deficiencias en la cobertura en zonas rurales del país, el mes pasado el presidente López Obrador advirtió que el gobierno podría tener su propia empresa de internet que dará servicio a todo el territorio nacional, incluidas las zonas marginadas. Aunque la iniciativa que adelantó el mandatario es positiva, deberá ser necesario que actúe bajo criterios basados en su viabilidad, pues no es poca cosa el construir una nueva paraestatal con alcance en zonas remotas.

Por arriba de otras acciones, el acceso y la calidad del internet deberían ser un asunto prioritario para gobiernos, iniciativa privada y sociedad civil. No se debe seguir favoreciendo a los sectores que ya cuentan con casi todo mientras se ignora a los que, desde siempre, han carecido de lo necesario, a los que les resulta imposible informarse, desarrollarse, competir y, sobre todo, hacer lo que básicamente nos define como seres humanos: comunicarse.