Influencer trabaja a cambio de comida (y algo de dinero)

Un chef denunció en Twitter a una influencer que le pretendía cobrar para ir a su restaurante, comer gratis, hacer alguna foto y contar la experiencia en Instagram.

Está claro: muchos influencers viven de ser influencers, y para poder hacerlo, necesitan dinero. ¿Cómo lo obtienen? Con publicidad. Al principio, en los albores de las redes sociales, recibían propuestas de agencias digitales y de las marcas. Ahora, que hay más competencia, salen a ofrecer su trabajo. Y no va entre comillas (“trabajo”); realmente lo es.

Veamos un ejemplo muy interesante que ocurrió la primera semana de septiembre en España, cuando un chef denunció en Twitter que le quisieron cobrar 100 euros (unos 120 dólares) para que una influencer vaya a comer a su restaurante y lo cuente en Instagram.

“Esta vida es un continuo aprendizaje, en redes sociales, más”. Ése es el texto del primero de varios tuits en los que Jorge Lozano -chef y dueño de los restaurantes Tapas 2.0 y Tapas 3.0 de Salamanca– contó que la representante de una influencer le ofreció subir fotos de alguno de sus platos, a cambio de comida y algo de dinero.

El resto del texto es este: “Me ha ofrecido la posibilidad de que la fotógrafa personal y la influencer cenaran gratis en por ser un local cool y chic. Ella colgaría una foto en Instagram, me daría la posibilidad de elegir la comida con la que la agasajaríamos. Por todo este arduo trabajo, comer por la patilla, tener camareros, cocineros trabajando yo tendría que pagarles 100 euros más IVA. Eso sí, ni una mención a la comida, da igual que sea buena, mala o regular, y claro los que somos cocineros pues valoramos más el servicio, bebida y comida que la decoración. Que quieran comer en tu casa sin pagar no me hace gracia, pero que ya vengan vendiéndote la moto de que esto me puede generar seguidores, visitas o al loro… incluso clientes reales, pues me jode, para que nos vamos a engañar. Les importa una mierda lo que hagas, lo que cocines, cómo lo sirvas, qué cartas de bebidas tengas, les importa una mierda tu negocio. Lo importante son las palabras gratis, cool, chic y seguidores. Y no, señores míos, mi equipo y yo nos dedicamos a cocinar, a servir mesas y, en resumen, al noble oficio de la hostelería, en el cual, según mis 20 años de experiencia, implica pagar por los servicios prestados. Así de fácil”.

Luego de la amplia repercusión del texto, Lozano habló con algunos medios. En diálogo con La Ventana, de Cadena Ser, también se refirió a las valoraciones de portales como Tripadvisor. Le preguntaron si su influencia era excesiva y pidió “más control”. “Detrás de un negocio hay personas, familias, y un comentario negativo que sea falso puede hacer mucho daño”, argumentó.

En el artículo “Invítame a cenar y págame 100 euros”, El País analiza que esto se da en un contexto donde en muchos lugares del mundo se están planteando la necesidad de controlar esta publicidad encubierta, porque no es otra cosa que eso. “Cabe plantearse desde la legalidad hasta los posibles resultados -positivos o no- de una acción publicitaria encubierta de este tipo, la capacidad como prescriptor gastronómico de alguien cuyos seguidores lo son por sus criterios sobre moda o estilismo e incluso por qué el sector de la moda ha empezado, de repente, a interesarse por la gastronomía”, explica el diario español.

En Italia ya avanza un proyecto de ley para organizar todo este tema. El Partido Demócrata italiano (PD) propone legislar en la materia. En un documento que está en manos del Congreso, se insta al Ejecutivo a “valorar la oportunidad de intervenir a nivel legislativo con el fin de que la actividad de los ‘influencer’ sea regulada, permitiendo a los consumidores saber inequívocamente qué elementos están siendo publicitados”.

En los Estados Unidos, la Federal Trade Comission (FTC) que regula la publicidad, comenzó a exigir que los que les hacen “marketing en las redes” identifiquen de forma clara cuando están haciendo promoción por la que cobran dinero a cambio.

Lozano no quiso dar a conocer el nombre de la influencer que le hizo la propuesta, más que todo por miedo a represalias de sus fans (ya todos saben lo molestos que pueden ser algunos en Internet).