Fundamental la supervisión en menores de edad con redes sociales

A veces nos enteramos y nos asombramos a través de las redes sociales, de tantas cosas raras que pueden ocurrir en todo el mundo y nos podrían parecer hasta graciosas, siempre y cuando no nos ocurran a nosotros, pero si permitimos que nuestros hijos que no han cumplido la mayoría de edad se involucren en el mundo de las redes sociales, lo mínimo que deberíamos hacer es supervisar qué es lo que están recibiendo o publicando en sus redes sociales.


Remontémonos al caso de Canice Ejoh, un adolescente canadiense de 16 años, quién pidió permiso a sus padres para organizar una fiesta el pasado 6 de mayo, sin embargo, los padres no contaron  con que el chico haría la convocatoria vía Facebook y le llegaron poco más de 2,000 invitados, los cuales al no poder entrar a la casa, llenos de ira, comenzaron a realizar destrozos en la casa y las reparaciones salen alrededor de unos 70 mil dólares, de hecho nunca se imaginó el organizador que su hashtag #MansionParty causaría tanto revuelo en las redes sociales y al final todo quedó afortunadamente en un problema de daños materiales.

Derivado de todo esto y reflexionando un poco sobre lo que le pasó a este chico canadiense, podemos identificar que no tuvo supervisión directa de sus padres de como planear su evento, de cuántos invitados tendría y sobre todo si se hubieran involucrado un poco y revisado las redes sociales de su hijo para decirle que una convocatoria a una fiesta no se hace por estos medios, porque termina llegando el amigo del amigo del amigo y el control de la situación podría perderse terminando en una gran tragedia.

Tenemos también el caso de las chicas de un colegio, que por las noches sus padres se despedían de sus hijas, les daban las buenas noches, su besito y toda la cosa y se iban a dormir tranquilamente, pero cuál sería su sorpresa cuando de la escuela empezaron a llamar a los padres de familia de las chicas involucradas y les comentaron que se veían agotadas, con mucho sueño, su rendimiento escolar había bajado y algunas de ellas hasta llegaron a dormirse en clase. Un día uno de los padres observó una pequeña luz en la recámara de su hija y cuál fue su sorpresa al descubrir que su hija estaba con  una Tablet enviando y recibiendo mensajes  en Facebook con su grupo de amigas a las 2 de la mañana.

Obviamente todas las chicas resultaron castigadas con todos sus aparatos donde podían comunicarse por cualquier red social, llámese smartphones, tablets, lap tops, por mencionar algunos. Sin embargo esto hubiera sido fácilmente detectable si los padres de las chicas hubieran tenido el interés de verificar la hora en la que se estaban enviando mensajes a través de Facebook y poner un alto a tiempo para corregir esta situación.

Por estos ejemplos y para evitar situaciones más complicadas como secuestros, abusos sexuales, pornografía, malas influencias y todo aquello que pudiera causar un daño moral o psicológico a nuestros hijos, nosotros los padres de familia tenemos la obligación de revisar y estar al pendiente de lo que están haciendo nuestros hijos en las redes sociales y que las utilicen de manera eficiente para lo que fueron creadas y no para causarle daño a otras personas o que a ellos les puedan causar daño, no podemos exponerlos a situaciones extremas y el problemas tampoco se elimina cortándoles cualquier posibilidad de estar involucrados en redes sociales porque ya son parte de nuestra forma de vida, no indispensables para nuestra supervivencia, pero fundamentales para mantener una adecuada comunicación con amigos, familia o compañeros de trabajo. Los posibles problemas que pudieran llegar a ocurrirle a nuestros hijos que estén en redes sociales, se pueden solucionar a tiempo si estamos al pendiente de lo que reciben y publican en dichas redes, no podemos cerrar los ojos a nuestro entorno y hacer como si nada pasara, tenemos una obligación con nuestros hijos y si queremos ayudarles, debemos supervisar todos los días que es lo que están haciendo en las redes sociales con el objeto de prevenir y correr riesgos innecesarios.