Al mismo tiempo que la sociedad ha evolucionado para adoptar nuevos valores, filosofías y estilos de vida, la publicidad ha reconfigurado su discurso para participar en la construcción así como difusión de imaginario social que caracteriza a cada época. En este sentido uno de los cambios más evidentes ha sido el uso de la imagen de la mujer en las acciones publicitarias ante el interés de los consumidores por temas de equidad de género y feminismo.

La exigencia por parte de las audiencias es clara. El 94 por ciento de las mujeres afirma que usar a la mujer en la publicidad como un “sex-symbol” es dañino para su género con lo que 71 por ciento admite que las firmas comerciales deberían ser más responsables en la forma que utilizan su publicidad para promover mensajes positivos referentes a dicho género, según un estudio realizado por She Knows. De hecho la misma fuente refiere que más de la mitad de las mujeres afirman adquirir productos de ciertas marcas luego de que estas firmas representan de manera positiva la imagen femenina, cifra que contrasta con el 25 por ciento de consumidoras que compran marcas o productos aún cuando la comunicación de los mismos ‘atenta’ contra la dignidad femenina.

El reclamo no se limita a las audiencias de género femenino. Una investigación de Havas Media a nivel mundial, indica que 5 de cada 10 mujeres así como 4 de cada 10 hombres resienten de la forma en que las mujeres se representan en la publicidad, mientras que para ambos géneros esta percepción alcanza un 31 por ciento cuando de la imagen masculina hablamos. De hecho, el 48 por ciento de las mujeres y el 44 por ciento de los hombres considera que los comerciales de televisión muestran demasiados estereotipos de género anticuados.

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Considerando el contexto que dibujan estas cifras, resulta interesante mirar al pasado para entender como la publicidad ha cambiado en función del rol de la mujer en la sociedad.

En este sentido, el artista y fotógrafo libanés, Eli Rezkallah, no sólo consideró el pasado para entender el presente y futuro, sino que creó una serie de fotografías en las que se cuestiona “lo absurdo de la equidad de género” mediante la construcción de un mundo paralelo en el que los hombres ocupan los roles que, cuando menos la publicidad de hace algunos años, afirmaba que eran labores sólo para mujeres.

La serie de fotografías, llamada “In a Parallel Universe” está inspirada en un conjunto de anuncios publicitarios publicados amenizados del siglo XX que han sido catalogados como sexistas, en donde las figuras masculinas ocupan los lugares que en aquel momento se destina a las mujeres con el fin de “hacer consciencia” sobre la desigualdad de género que aún existe en nuestros días.

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