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Entrevista exclusiva con Benjamín Frascaroli Würth, Country Manager de Webdox México: El uso de la firma electrónica en México

Las empresas en México y el resto de América Latina deberían considerar el uso de la firma electrónica con mayor seriedad para sus negocios

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  • De acuerdo con Finances Online, la mayor ventaja de la firma electrónica para las empresas es recortar la posibilidad de errores de digitalización

  • Asimismo, ayudan a incrementar la eficiencia de los sistemas de auditoría, así como limitar la incidencia de documentación perdida

  • Entre grandes compañías, el tiempo de implementación promedio de este tipo de software es de unos nueve meses

Como mecanismo para certificar la identidad de clientes y usuarios, la firma electrónica es una tecnología relativamente antigua. Según Signix, las bases teóricas de este tipo de software se sentaron desde finales de la década de los 70 y diez años después ya se distribuía su primer iteración de alcance masivo. Pero según Benjamín Frascaroli Würth, el Country Manager de Webdox en México, al menos en el país no se ha llegado a su máximo alcance de mercado:

Es algo que está en desarrollo todavía y a la que le falta muchísimo. Nos hemos encontrado que muchas áreas legales están apenas informándose sobre los aspectos técnicos del uso de la firma electrónica para implementarla en su empresa. Varias marcas están también apenas revisando de si es viable o no su implementación y otras están revisando proveedores para ver cuál les conviene. Entonces se puede decir que muchos negocios apenas están despertando.

¿Por qué conviene implementar la firma electrónica?

Hay varias razones que podrían explicar por qué la tecnología no es tan extensamente usada como debería serlo en México. Por ejemplo, desde 2015 que muchos individuos, incluyendo ciertos líderes de empresas, creían que la firma electrónica no tenía un sustento legal claro en el país. Algo que ha probado ser, una y otra vez, un mito Pero también podría estar relacionado con un desconocimiento general sobre sus beneficios, que Frascaroli señala son muy amplios:

Cuando pasamos de una firma manuscrita a una firma electrónica, el salto no es menor. Por ejemplo, podemos ver una reducción de tiempo en los procesos. En un sistema tradicional, las empresas deben viajar físicamente al lugar donde están los firmantes para obtener su rúbrica. Con su contraparte digital, se eliminan estas barreras. También tenemos costos más bajos, por el ahorro logístico, y tenemos metadatos que permiten certificar la autenticidad de la firma.


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Las barreras de la tecnología en el largo plazo

Al igual que le ocurrió a otros sistemas de tecnología, el uso de la firma electrónica se potenció en medio de la pandemia de COVID-19. Según las mismas cifras de Webdox, solo en América Latina se vió un aumento del 392 por ciento de su uso a lo largo del 2020. Y de acuerdo con agentes como Connective, se espera que este tipo de software continúe desarrollándose en complejidad este 2021. Pero Benjamín apunta que también hay cruciales barreras a superar:

Creo que lo más importante para potenciar el uso de la firma electrónica en México es lograr un mayor conocimiento sobre la legislación nacional. A la vez, hay negocios con miedos y temores ante la transformación digital, tal vez a raíz de una cultura organizacional. Estos dos son los factores más importantes que impiden poder avanzar en la adopción de la tecnología. Y no solo aplica a nuestro sector en específico, sino con cualquier área de innovación digital.

El futuro de la firma electrónica

Como sistema, el valor agregado de este software es evidente. Permite a las empresas pasar al entorno digital una parte clave de sus modelos. Y, por consiguiente, recortar gastos y dar a los consumidores una experiencia de uso más dinámica, sencilla y satisfactoria. Pero la firma electrónica y su historia no terminarán una vez que se logre una aceptación más generalizada de sus beneficios. Según el Country Manager de Webdex, hay opciones de evolución notables:

Me parece que la firma electrónica debe moverse a sistemas de certificación absolutamente certeros. Hoy en día tenemos dos niveles de este software, el simple (que se asemeja a firmas de mano alzada) y el avanzado (una versión digital de la certificación ante notario). Entonces hay que invertir más en el desarrollo de sellos criptográficos que verifiquen la autenticidad de las personas. Ello, mediante la integración de sistemas biométricos virtualmente inhackeables.

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