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El mejor Estado

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Viajo mucho. Duermo y desayuno en hoteles. Cada mañana al bajar al restaurante me encuentro con la molestísima señal altisonante de una enorme pantalla inflamada de noticias. Todo un rosario matutino de calamidades. No hay nada como engrosar la cabeza mañanera de toda esa información de la cual: ¡nada puedes hacer y en nada te puede ayudar!. Los comentaristas convencidos de tu sordera, gritan las fatídicas nuevas llenando tu umbral cognoscitivo de una fuerte dosis de negatividad.

Viajo mucho. Duermo y desayuno en hoteles. Cada mañana al bajar al restaurante me encuentro con la molestísima señal altisonante de una enorme pantalla inflamada de noticias. Todo un rosario matutino de calamidades. No hay nada como engrosar la cabeza mañanera de toda esa información de la cual: ¡nada puedes hacer y en nada te puede ayudar!. Los comentaristas convencidos de tu sordera, gritan las fatídicas nuevas llenando tu umbral cognoscitivo de una fuerte dosis de negatividad.

Un poeta alguna vez dijo: “Persona alguna puede atentar contra tus recuerdos, éstos son tuyos y de nadie más. Cada vez que sientas soledad, angustia y desazón, puedes recurrir a ellos y recuperar una sonrisa tanto tiempo perdida”. Y yo agrego: “Persona alguna puede entrar en tu mente sin tu autorización, ahí radica tu yo, ahí gobiernas tú”.

En los tiempos presentes, todo indica que cualquiera es capaz, sin derecho, de atentar contra “El Estado y sus Instituciones”. Sin embargo, no podemos permitir una asalto, por ningún agitador, al Estado más importante para nosotros: El Estado Mental.

Los acontecimientos en el país que radico y en el país que nací son tan omnipresentes, sorprendentes y envolventes, que nuestra mente colectiva ha quedado atrapada entre las paredes de la incertidumbre. Cuando eventos así suceden, perdemos la capacidad de predecir el futuro inmediato: “Ya no sabemos que calle circulará o que negocio no funcionará o, si al final del camino… estará lo que fuimos a buscar”. Se nos desconecta la habilidad de concentrarnos en lo productivo recurriendo al aislamiento y la especulación hilando teorías estériles de conspiración política y social.

La muy publicada frase: “El Imperio del Derecho”, solamente puede prevalecer ahí donde nuestro derecho es rector: ¡Pensar, opinar y determinar que nos importa guardar y que debemos descartar… es nuestra prerrogativa! Ser jueces y guardianes de lo qué debemos y vale la pena oír y dejar entrar… es nuestra ley migratoria.

A diferencia de muchos gobiernos y gobernantes, nosotros si podemos implantar orden en el estado que regimos. Podemos detener esas voces incendiarias mañaneras en las fronteras de nuestro muy amado ¡estado mental!

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