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El fracaso de Bankaool, el modelo disruptivo que no se concretó

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Tras irrumpir con un modelo de negocio disruptivo en el mercado mexicano, los malos resultados que generó en cinco años causó su futura desaparición

En el lejano 2006 la Secretaría de Hacienda y Crédito Público autorizó salir al mercado a una sociedad financiera de objeto limitado (Sofol), denominado Agrofinanzas, cuyo objetivo estaba orientado completamente en otorgar crédito al sector agrario del país.

Seis años después, el 24 de julio de 2012, la Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV) dio luz verde a la transformación y operación como institución de banca múltiple a Bankaool, el primer instituto financiero cien por ciento digital, por ende no tuvo, tiene ni tendrá sucursales físicas.

El pasado 31 de julio del presente año diversos medios informaron que el Grupo Financiero Ve Por Más lanzaba un acuerdo para comprar el banco en línea, con la intensión de fusionarlo y de esa forma incrementar su participación en el financiamiento al sector agropecuario, mismo en el que actualmente cuenta con una participación de mercado mayor al 20 por ciento.

El director general de Banakool, Francisco Meré Palafox, destacó que para el año de apertura (2012) la institución previó que alcanzaría financiamientos por mil millones de pesos, de los cuales más del 65 por ciento estaría destinado al sector de agronegocios. Asimismo, indicó que incursionar en la pequeñas y medianas empresas (PyMEs) obedecía que, según datos del INEGI, más del 90 por ciento de las compañías pertenecían a este segmento de las unidades empresariales de México.

De acuerdo con Milenio, durante cinco años de operaciones únicamente reportó pérdidas, en lo que va del año, Bankaool arrastra una pérdida que asciende a 56 millones de pesos. A pesar de que a finales de 2012 logró una captación de 3 millones de pesos, al final de 2013 registró una pérdida de un millón, mientras que para 2014 mostró un descenso de 70 millones; para 2015 se incrementó a 121 millones, al tiempo que para 2016 reportó una caída de 114 millones de pesos.

Estos malos resultados derivaron en malas calificaciones por parte de las agencias de revisión de crédito, de acuerdo con el medio, para 2014 Fitch Ratings modificó la calificación desde estable a negativa, debido a que encontró deterioro en su desempeño financiero, derivado de gastos operativos crecientes relacionados con el cambio en el modelo de negocio.

Durante los años siguientes la calificación de la entidad financiera no mejoró, e incluso se le declaró públicamente incapaz de revertir la tendencia negativa en sus resultados financieros, la cual tenía por lo menos tres años de continuo deterioro en los activos, así como una cartera vencida elevada.

El modelo disruptivo en su estrategia de negocio lo convirtió en el primer banco cien por ciento en línea en el mercado mexicano, sin embargo, el incremento de firmas dedicados al modelo fintech de crédito, al igual que la incapacidad de pagos de la mayoría de sus clientes finalizó un proyecto que sí bien duró más de diez años, (cinco como institución financiera) nunca logró la consolidación y crecimiento como empresa.

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