El sector retail está por vivir una etapa especialmente retadora y el fast fashion podría ser uno de las ramas más afectadas.

La apertura paulatina de las tiendas y centros comerciales sólo marcan el inicio de una etapa de desafíos de mayor tamaño, mismos que deberán ser sorteados con especial estrategia para no perder más de lo que ya se estima.

La caída de los grandes

Un reciente reporte de GlobalData, revela que el gasto global en la industria minorista caiga un 3 por ciento durante 2020, equivalente a aproximadamente 549 mil millones de dólares.

En ese sentido, vale la pena citar datos del US Census Bureau, los cuales advierten que la categoría con la caída más fuerte en ventas ha sido la de ropa y accesorios, con una contracción de ventas de 78.8 por ciento; seguida de electrónicos, que ha tenido una contracción en ventas de 60 por ciento; mientras que la categoría de muebles y accesorios para el hogar ha visto una contracción de 58 por ciento.

Con esto en mente, se preve que uno de los sectores más afectados es el de la el fast fashion. De hecho, los números de las grandes firmas del sector así lo demuestran.

A principios de marzo pasado, se estimaba que los cuatro gigantes mundiales de la gran distribución de moda, Inditex, H&M, Fast Retailing y Gap, habrían perdido 29 mil 552 millones de dólares de su capitalización bursátil.

De manera puntual, se estimaba que las ventas de H&M se habrían desplomado un 46 por ciento durante marzo a causa del cierre del 70 por ciento por cimero de las aproximadamente 5 mil tiendas de esta marca en el mundo.

Muerte a manos de la Generación Z

Esta desaceleración podría agravarse si se consideran los hábitos de la próxima generación de consumidores, cuyos hábitos de compra ganaron mayor fortaleza en medio de la pandemia.

Hablamos de la Generación Z, mismos que tienen una ideología particularmente contraria a lo que la moda supuso para los compradores de mayor edad y que profesan un especial apego a la economía circular.

Cuando el confinamiento fue parte de la realidad de la mayoría de los mercados alrededor del mundo, el ritmo de consumo de ropa nueva disminuyó de manera natural; lo que saltó a la vista fue el aumento considerable en el aumento de reciclaje, reutilizaron y reventa de prendas.

El principio de la economía circular ganó especial relevancia un tanto por la cuarentena obligada como por la necesidad de los consumidores por ahorrar.

Hacer que las prendas tengan la mayor vida útil posible antes de ser desechadas se convirtió en la norma, tendencia que desde hace varios años es impulsada por los miembros de la Generación Z.

Bien por la débil económica que quedará luego de la epidemia así como por la sensación de fragilidad sobre el bienestar, la gente intentará ahorrar más, mejorar con pocos recursos su calidad de de vida y adoptar hábitos, en general “low cost”.

Si bien los millennials seguirán comprando pocos productos, la demanda ahora estará en que estos duren más, al tiempo que sean responsables con el medio ambiente y la sociedad.

Los grandes se suman

La tendencia ha sido leída por gigantes del sector minorista. Por ejemplo, Walmart anunció que estableció una asociación estratégica con thredUP, plataforma de e-commerce que se especializa en moda de segunda mano.

En concreto, se habla de alrededor de 750 mil artículos de thredUP los que estarán disponibles a través de una sección especial dedicada al e-tailer de moda en el sitio web de Walmart. Se trata de un acuerdo que la propia firma ha estimado con un potencial de 32 mil millones de dólares.

La plataforma se describe como la tienda de artículos de moda de segunda mano más grande de la web y, entre sus distintivos, se destaca que permite a las personas comprar y vender ropa usada para mujeres y niños, según detallan desde TechCrunch.

El movimiento es claro. Walmart buscará conquistar a los consumidores digitales que, en buena medida jóvenes, buscarán productos a menor precio de segunda mano.

Basta con ver lo que sucedió en España. Durante  la primera semana de actividad, la plataforma wallapop registró un incremento de oferta de segunda mano de un 40 por ciento respecto a las semanas anteriores, mientras que el interés por estos productos se incrementa en 10 por ciento cada semana.

La lógica va en contra de lo que por décadas profesó el fast fashion. Las marcas del sector están obligadas a reajustar su modelo de negocio, de lo contrario podrían desaparecer a manos de la próxima generación de consumidores que no ve en la moda una forma de encajar en un grupo, sino como una manera de crear identidad sin importar el tiempo de vida de sus prendas. Ahí podría estar la clave de la supervivencia.

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