De la cima a la cuerda floja

WeWork está viviendo una etapa demasiado complicada, desde que registró sus documentos para ofrecer sus acciones al público inversionista. 

Lo que debería de haber sido un mero trámite rumbo a su continuo éxito, se volvió una pesadilla que llegó a un punto álgido la semana pasada. En medio de acusaciones, se dio la renuncia de su fundador Adam Neumann y la cancelación de su oferta pública inicial (conocida por sus siglas en inglés como IPO).  La razón principal detrás de todo esto: la caída de su valuación, de un estimado inicial de $70 mil millones de dólares hacia, probablemente, menos de $20 mil millones. Con esa valuación, el futuro financiero de WeWork estaría gravemente comprometido y sus inversionistas, incluyendo su inversionista principal Softbank, perderían mucho dinero. 

Con la cancelación del IPO se evitaron graves problemas, pero al mismo tiempo, WeWork continúa necesitando muchos miles de millones de dólares para mantenerse viva.  El escenario para Softbank como principal inversionista parece ser desolador: tendrá que invertir mucho más allá de los más de $10 mil millones de dólares ya invertidos.  En otras palabras, tendrá que doblar su apuesta antes de si quiera soñar en recuperar su inversión billonaria.  No habrá muchos bancos interesados en hacer préstamos a WeWork con su situación financiera actual y después de que sus papeles de deuda fueron prácticamente rebajados a bonos basura.

El comienzo de la caída del Alan Neumann y el IPO de WeWork

La historia de la caída de Alan Neumann comenzó el día 14 de agosto de 2019.  Ese fue el día en que WeWork (Rebautizada como We Company) presentó su documento S-1 con el que pretendía hacer una IPO de acciones, en septiembre de 2019, un periodo muy corto de tiempo. Desde el momento en que la información del documento se hizo pública, las críticas no pararon; analistas, periodistas, inversionistas y otros líderes de opinión tuvieron una reacción muy negativa a lo que se presentó en dicho documento.  Básicamente, un documento de una compañía con la misión de “elevar la conciencia del mundo”, pero con serios problemas de gobierno corporativo. WeWork actualmente pierde cantidades masivas de dinero y no parece tener un camino claro a la rentabilidad.

La pretensión de WeWork era la de salir a bolsa con una valuación de por lo menos $47 mil millones de dólares.  Dicha valuación estaba basada en la última rodada de inversión que había sido liderada por Softbank.  En dicha ronda, Softbank invirtió $2 mil millones de dólares; este nivel, sería la segunda más alta valuación de 2019, sólo detrás de Uber.  Hubo algo de especulación sobre que la valuación podría llegar hasta $96 mil millones de dólares, lo cual la convertiría en la startup mejor valuada, sin embargo, esos sueños guajiros se acabaron rápidamente.

Podría decirse que Uber no sólo está ligada a WeWork por el hecho de que ambas son startups tecnológicas altamente valuadas también, ambas están siendo ligadas negativamente por ser compañías que pierden una gran cantidad de dinero y que no tienen un camino claro a la rentabilidad.  Uber consiguió salir a bolsa, pero ha perdido una gran parte del valor de sus acciones y se ha visto envuelta en una serie de recortes de personal, para tratar de demostrar que está en camino a ser rentable.  Las críticas feroces a Uber, por parte de inversionistas insatisfechos, parecen haber sido el preámbulo de la tormenta perfecta, que acabó con el IPO de WeWork.

Las críticas a WeWork destrozan su valuación

Desde la presentación del documento S-1, las críticas se dieron prácticamente en tiempo real.  El documento detallaba una serie de prácticas que resultaron totalmente inaceptables para inversionistas, periodistas y líderes de opinión que analizaron el documento.  Adam Neumann habría convencido a muchas personas de creer en su visión de una gran empresa, que estaba en camino a transformar al mundo, sin embargo, en el documento los inversionistas vieron el retrato desnudo de una compañía perdiendo mucho dinero, con prácticas corporativas muy cuestionables y con una estructura de gobierno corporativo que otorgaba un gran poder a Adam Neumann y a su esposa Rebekah, sobrina de Gwyneth Paltrow.  Además de los problemas de gobierno corporativo, Neumann había hecho muchos negocios, en abierto conflicto de intereses con la compañía, por ejemplo, había rebautizado la marca como We y registró la marca como propia, por la cual, We Company tendría que pagarle regalías.

Las críticas a Neumann y a WeWork solamente sirvieron para atraer la atención y elevar el nivel de escrutinio sobre la valuación de la compañía.  El principal competidor de WeWork es la compañía belga IWG, que opera bajo la marca Regus y otras más.  IWG posee más metros cuadrados que WeWork, factura $2.8 mil millones de dólares vs. $1.8 mil millones de WeWork y opera con lucro.  Aún con todo eso, la capitalización de mercado de IWG es de sólo $3.7 mil millones de dólares, muy por debajo de la pretensión de WeWork de $47 mil millones de dólares.

WeWork inició en 2010, en Manhattan.  Fue fundada por Adam Neumann y Miguel MacKelvey, un nativo de Oregon.  En general, ha creado espacios que hoy son conocidos como de Coworking con niveles muy altos de calidad y con patrones estéticos y de mobiliario contemporáneos.  En otras palabras, WeWork es considerado, en múltiples ocasiones, un lugar con decoración y estilo de trabajo de acuerdo a las últimas tendencias.  Típicamente, renta espacios corporativos en las principales ciudades del mundo, los decora, los dota de sus métodos y sistemas y los renta a empresas tipo startups, así como pequeñas y medianas. En México, WeWork se ha convertido en el principal arrendador de espacios corporativos en el país.

La salida de Alan Neumann

Muchas de las críticas se dieron debido a lo que se consideró una valuación ridículamente alta.  El 27 de agosto de 2019, Forbes publicó un artículo titulado “WeWork is the most ridiculous IPO of 2019” (WeWork es la oferta inicial de acciones más ridícula de 2019).  En la nota se hablaba de cómo la valuación de WeWork era difícil de tolerar.  Muchas notas similares se dieron en las principales publicaciones de negocios de todo el mundo.  La valuación comenzó a cuestionarse al punto en el que empezó a caer como una piedra.  De la pretensión de $96 mil millones de dólares (de Goldman Sachs), se pasó a pensar que no se lograrían ni siquiera los $47 mil millones de la última ronda de financiamiento.  La pretensión fue para $20 mil millones y antes de la salida de Alain Neumann, no se tenía seguridad de que ni siquiera se podría soportar una valuación de $10 mil millones de dólares.  Solamente Softbank, en conjunto son su fondo VisionFund, ha aportado $10.7 mil millones de dólares, por lo cual, una valuación así sería una gran pérdida para Softbank.

La historia en los medios no sólo fue sobre la valuación de WeWork.  También se empezó a cuestionar la personalidad extravagante de Alan Neumann; su gusto por la mariguana y por botellas de Tequila de $142 dólares cada una, pero también por su estilo de vida extravagante, con varias mansiones en Estados Unidos, donde pasaba su tiempo.  Al mismo tiempo, compró un jet corporativo de más de $60 millones de dólares, en donde viajaba para visitar los países en los que WeWork opera.

Quizá el problema no fue el estilo extravagante de Adam Neumann lo que molestó más a los inversionistas. Los conflictos de intereses entre Adam y WeWork eran muy serios y no pasarían el escrutinio en muchas organizaciones.  Entre otras cosas, Adam había registrado a través de un holding personal la marca We y la estaba rentando a WeWork por $5.6 millones de dólares.  El cofundador tenía créditos preferenciales de cientos de millones de dólares otorgados por WeWork hacia él.  Existen varios edificios en los que WeWork renta espacio, en los que él era uno de los dueños.  La lista de conflictos de interés era enorme, incluso, Neumann tenía varios tipos de acciones de WeWork que otorgaban 20 votos a él, por cada acción. Rebekah su esposa podría nombrar al sucesor de Adam, en caso de que él muriera.

Al final todas esas clausulas del contrato y los $5.6 millones de dólares de la renta de la marca We fueron canceladas en los días previos a la renuncia de Adam Neumann.  Adam terminó renunciado bajo el propio peso de sus acciones, el mismo votó en contra de su permanencia al frente de WeWork. El sueño de Neumann de transformar al mundo había terminado.

El futuro financiero Incierto de WeWork

Con la salida de Neumann, también se canceló la oferta pública inicial de acciones.  Para Softbank, como principal inversionista, pareciera que la única salida a corto plazo es colocar más dinero en la empresa, sin embargo, la compañía continúa gastando dinero a niveles altísimos.  Aún con sus planes de expansión acelerados, WeWork no ha progresado nada en términos de dejar de perder dinero, por lo tanto, deberá disminuir radicalmente sus gastos al perder la posibilidad de hacer un IPO.  Los recursos que esperaba recopilar en el IPO no llegarán más. La opción de préstamos tampoco parece factible ya que pocos bancos se arriesgarían a hacer un préstamo a WeWork en estos momentos.

Hay muchas lecciones en el caso de WeWork, pero la más obvia y básica de todas es: no importa que tan grande sea la innovación de una startup, de cualquier modo, una empresa no puede sobrevivir por mucho tiempo con prácticas de negocios cuestionables y sin rentabilidad.

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