COVID-19: La oportunidad para saber qué estamos consumiendo y hacia dónde nos dirigimos

Hay una frase de Víctor Hugo que se repite hasta el cansancio, pero que pocas veces cobra tanto sentido como ahora: “El futuro tiene muchos nombres. Para los débiles es lo inalcanzable. Para los temerosos, lo desconocido. Para los valientes, la oportunidad”.

La pandemia del COVID-19 es una oportunidad para preguntarnos quiénes somos y qué estamos haciendo con nuestras vidas. Pocas crisis colectivas como una pandemia orillan tanto a la reflexión. El aislamiento también puede ser un camino para repensar el mundo. Nuestro mundo. Nosotros nos confinamos en casa; la Tierra toma un respiro. ¿Pavorreales en Madrid? ¿Peces en Venecia? ¿Delfines en Cerdeña? El planeta quiere decirnos algo.

Y entre tantas cosas que podemos interpretar, una de ellas, sin duda, es la que se relaciona directamente con nuestro modus vivendi. Y en un sistema capitalista, el modus vivendi está íntimamente relacionado a nuestra manera de consumir. Si la cuarentena nos ha enseñado algo, es que vivimos para comprar cosas o experiencias que no necesitamos. Muchas veces, la seguridad siempre la tenemos tan a la mano —ya sea en forma de empleo estable, de salud, de familia o de cuenta bancaria— que perdemos de vista la fragilidad de la vida y la facilidad con la que nuestro entorno puede cambiar.

Las compras de pánico son muestra clara de que no sabemos comprar en situaciones de crisis. Y esto sucede porque en nuestro día a día tampoco sabemos hacerlo. Para ser un buen consumista —por paradójico que esto suene— también se necesita estar informado y tener algo de sentido común. Observamos que las compras de pánico —sobre todo en México y Estados Unidos— están enfocadas al papel higiénico y los alimentos perecederos. En la Segunda Guerra Mundial, la gente peleaba por granos. Asesinaba por pan. Robaba cebada y arroz. Nadie pensaba en jamones ibéricos.

Los tiempos de crisis que se avecinan no pueden hacer otra cosa que replantearnos la forma en que vivimos. ¿Seguiremos viviendo del crédito? ¿Seguiremos desdeñando —en México, principalmente— la importancia de contar con un seguro médico ante la inoperancia de nuestro sistema de salud? ¿Seguiremos comprando artículos innecesarios en nuestras despensas para que la cuenta final tenga un cero (innecesario) más? ¿Seguiremos prefiriendo ir a Walt Mart en lugar de consumir en el pequeño súper de nuestra colonia?

La Organización Mundial de la Salud ha sido clara en decir que el coronavirus llegó para quedarse y que la vacuna sería desarrollada hasta dentro de al menos un par de años. Tendremos que aprender a convivir con él, como lo hicimos con el VIH en los años ochenta.

El SIDA, sin embargo, nos enseñó algo: la práctica del sexo seguro. Y nuestra manera de consumir cambió. Hoy, los condones se compran como pan caliente y las marcas que los fabrican aparecen lo mismo en festivales musicales que en clínicas privadas. SICO patrocina eventos de MTV y Trojan es sponsor de gimnasios. Los condones se regalan en los baños de los antros y se venden en todas sus formas, colores y sabores en las sex shop o en el Oxxo. Los mercados se transforman con las crisis. El COVID-19 es el cisne negro que nos tocó vivir. Habrá que aprender a convivir con él.

Hasta ahora pocos han sabido adaptarse a estos cambios sociales, económicos y culturales que con seguridad traerá el brote mundial de coronavirus. Sin duda, China es un ejemplo a seguir en cuanto a adaptación se refiere. No sólo fueron capaces de construir un hospital en poco más de una semana y limitar en tiempo récord el número de infectados al tomar decisiones radicales de manera inmediata; sino que también algunas marcas automotrices ya están desarrollando filtros especiales para el interior de los vehículos.

Este es el caso de marcas fabricantes de automóviles como BAIC y Changan Automobile. El más reciente proyecto tecnológico automotriz consiste en integrar un filtro especial en los armazones de los carros para proteger a los ocupantes de cualquier tipo de virus al interior del carro. El sistema de filtro recibió la homologación PMO.1, que corresponde a la certificación CATARC CN95, la máxima declaración que otorga el China Automotive Technology Research Center.

¿Será este paso el primero de muchos que nos llevarán a tener vehículos privados y transportes públicos sanitizados como verdaderos escudos contra cualquier virus? ¿Estamos frente a una nueva generación de movilidad urbana antibacteriana y antiviral?

Recordemos a Víctor Hugo: estamos ante una gran oportunidad.

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Publirrelacionista desde hace casi 15 años. Apasionada de la comunicación, las redes sociales y los temas de sostenibilidad. Directora General de Comunicación Spread y experta en manejo de crisis. *Las columnas de opinión reflejan el pensar individual y gustos personales de los columnistas, los cuales no necesariamente son compartidos por el equipo Merca2.0.