Construir un equipo motivado, un reto enorme pero no imposible

Uno de los temas que escucho con mayor frecuencia en mis conferencias es el enorme reto de motivar a los jóvenes. No importa si hablo con fabricantes de autos o con farmacéuticas, la preocupación es la misma. Recientemente en una junta con una gran empresa del sector salud  llegó un joven con un plato de cereal, vaso de leche y fruta. Los siguientes 30 minutos se dedicó a desayunar frente a los asistentes, me considero de piel muy gruesa pero francamente me pareció la cosa más descortés que he visto. El problema de este joven es falta de comprensión de contextos. Es decir, hay un lugar para todo. Parecería que la línea entre el espacio de trabajo y el personal se ha borrado de tal manera que todo se ha vuelto aceptable, caray, en Google se permite ir a la oficina vestido en pijamas.

No me escandaliza, todo lo contrario, es algo que me llama la atención y despierta mi curiosidad. Qué han hecho mal las empresas, instituciones de educación, padres de familia y gobierno que no parecen existir límites en casi ningún esfera. Parte de la respuesta puede estar en los textos de Nicholas Taleb en su libro Skin in the Game. Taleb, también autor de The Black Swan, describe que uno de los problemas de la asimetría de riesgo está centrada en el principio de las minorías. Este principio se puede explicar fácilmente con la forma en la que actuamos los latinoamericanos frente a la visita de un anglosajón. En vez de que la junta se lleve en español, todos cambiamos a inglés. Lo mismo sucede con una fiesta, si hay pocas mujeres, los hombres no tendrán problema con beber cerveza; sin embargo, según Taleb, si hay más de 5 por ciento de mujeres y se ofrece vino, la mayoría tomará vino, sin importar que haya cerveza disponible. En la oficina, en algún momento fue más fácil que todos dejaran de usar corbata que convencer al primer disidente que se negó a ponérsela,  por supuesto la mayoría estaba a favor de ir a la oficina de manera más informal, pero fue el disidente quién movió la balanza.

En la oficina moderna sucede algo similar. La minoría —con menos experiencia en ambiente laboral— ha llevado al resto de la organización a un ambiente más relajado. No me confundan, en algunos temas yo mismo soy un disidente. No obstante, las cosas han salido de su camino natural. Si sumamos la pérdida de límites y el principio de minorías encontramos un contexto complicado. Ahora los integrantes más jóvenes comienzan a transferir la responsabilidad de sus acciones a la empresa. Por ejemplo, recientemente escuché una historia de terror de una joven que renunció ya qué la firma en la que trabajaba no contaba con días libres para “llevar el coche al taller”. Lo mismo sucede en incontables casos en los que las empresas deben restringir el acceso —y comunicación— a cobradores de deudas a empleados que se han vuelto morosos. No sólo se trata de deudas en tarjetas de crédito o créditos personales, en los que el empleado pide no recibir dinero en un banco para que no sea descontada la deuda, también sucede en padres (y sorprendentemente madres) que evitan el pago de manutención a través de esconderse en empresas.

La empresa no debería tener una función paternalista, coincido en que debe —en su máxima expresión— buscar la realización de su personal. La razón es simple, si los intereses de los integrantes de la empresa y compañía se alinean, todos saldrán ganando. Se olvida que la empresa no es un ente viviente y que en realidad se compone de personas. Culpar a la empresa es un error y una simplificación de la realidad. La mayoría de los directores extranjeros con los que he tenido el gusto de platicar me han compartido que su reto profesional más grande ha sido comunicarse con su equipo en México. Entre las razones más comunes que me han compartido está la habilidad del mexicano de torcer la realidad. En una ocasión una CEO de una firma trasnacional me decía que una gerente le aseguraba que estaba en el mismo lobby que la CEO. Cosa que no era cierta, la gerente insistía “no entiendo por qué no me ves” la realidad es que nunca estuvo allí y la experimentada directora tuvo que prescindir de la gerente en su equipo. Todos lo hemos vivido, el reto más importante para motivar al personal no está en la empresa. El reto central es crear el deseo de recibir la motivación. La empresa no puede resolver los problemas de sus integrantes, por lo menos  no de manera generalizada.  La mejor forma es ayudar a que la empresa llegue sus objetivo, a través de ello, mejorar el contexto de los integrantes del equipo. Sólo sucederá si se construye una relación de profundo respeto entre las dos partes, lamentablemente, las empresas han descuidado un factor central. La honestidad es un valor absoluto, existe o no. En ese sentido las empresas deben invertir en reforzar todos  los días sus valores y aspirar a mejorar su relación internamente. En el centro está una acción que debe mejorar en mercadotecnia, el marketing de cuatro paredes. Promover nuestros valores dentro de la empresa y más importante, hagamos nuestro mejor esfuerzo por ser congruentes.