Cómo saber si eres nomofóbico y cómo evitarlo

El poder transformador de la tecnología está fuera de toda duda. Y conforme se acelera su desarrollo, también lo hace la velocidad con la que influye en la sociedad.

Desde hace aproximadamente una década, el uso masivo del smartphone ha cambiado nuestra manera de vivir de una forma mucho más profunda de lo que habríamos podido imaginar hace tan sólo 10 o 15 años.

Para muchas personas, el teléfono móvil no sólo es una herramienta imprescindible en su día a día, sino que ha invadido su tiempo y su vida hasta convertirse, inclusive, en un problema serio.

Algunos la llaman la “enfermedad del Siglo XXI” y expertos en adicciones afirman que el número de casos aumenta cada año.

Un estudio británico reveló que en Reino Unido ya la sufre el 66% de la población, lo que supone un aumento respecto al 53% que se observó en el último sondeo realizado hace cuatro años.

La nomofobia, o miedo irracional que sienten algunos cuando algo les impide interactuar con su teléfono móvil, se identificó por primera vez en 2008 y sus nombre proviene del término inglés “no-mobile phobia” (fobia a estar sin móvil).

Los expertos señalan que estas personas experimentan una gran ansiedad cuando se dan las siguientes situaciones: pérdida de celular, batería o crédito agotado y falta de señal.

El primer estudio que dio la voz de alarma sobre este fenómeno lo llevó a cabo el gobierno británico en 2008, con el fin de investigar las ansiedades que sufren los usuarios de celulares.

El nomofóbico suele tener baja autoestima, ser introvertido, no tiene habilidades de afrontamiento. En su tiempo libre sólo usa el móvil, algo que va unido a no tener otras actividades de ocio

Francisca López Torrecillas, experta en adicciones de la Universidad de Granada, observó en el año 2005 que un 56% de hombres y un 48% de mujeres sufrían esta fobia y que un 9% se sentían “estresados” cuando su aparato se apagaba.

Cuatro años después, el nuevo estudio elaborado por la empresa de dispositivos de seguridad para celulares SecurEnvoy, revela que la cifra de afectados aumentó en España..

Tras encuestar a unas 1.000 personas, se constató que el 77% de los individuos con edades comprendidas entre los 18 y los 24 años sufrían nomofobia, mientras que en la franja de edad que va de los 25 a los 34 años, la incidencia fue del 68%.

Es más, el sondeo descubrió que un 41% de los encuestados cargaban con ellos dos celulares para así nunca quedarse “desconectados”.

A diferencia del anterior estudio, en este caso se vio una mayor incidencia en mujeres (70%) que en hombres (61%).

La nomofobia no es una cuestión menor. Algunos estudios afirman que la sensación de ansiedad al carecer de teléfono móvil puede afectar a alrededor del 50% de la población (aunque, dentro de estos síntomas, su gravedad difiere mucho de unas personas a otras). Además, se trata de un problema creciente, dado que afecta especialmente a personas jóvenes, más acostumbradas a utilizar esta tecnología desde edades tempranas y más vulnerables por necesitar más de la “aprobación social” que proporciona la continua intervención en espacios como las redes sociales. No obstante, hay que tener en cuenta que ninguna edad está exenta de riesgo.

Como otras fobias, la nomofobia se manifiesta a través de síntomas comunes como el miedo, el nerviosismo o la angustia, pero también con otros como taquicardias, dolor de cabeza, dolor de estómago o pensamientos obsesivos.

Las causas de la nomofobia suelen ser bastante evidentes. Con frecuencia, la adicción a los teléfonos móviles (extendidísima hoy en día) es su principal origen, provocando el miedo a carecer de la falsa fuente de satisfacción que produce la consulta compulsiva del teléfono.

Sin embargo, no deberíamos quedarnos sólo con la idea de que la nomofobia es producto de esta adicción. Además, puede esconder otros problemas, como la baja autoestima y las dificultades para relacionarse con los demás por medios distintos del ámbito on-line.

No tenemos más que mirar a nuestro alrededor para comprobar cómo la adicción al teléfono móvil y la nomofobia provocan una suerte de “esclavitud” entre los más afectados.

En primera instancia, la nomofobia obliga al que la sufre a estar continuamente pendiente de su teléfono móvil, hasta el punto de abandonar otras facetas de su vida. De esta forma puede afectar al trabajo, a las relaciones familiares, a las relaciones de pareja y, en general, a cualquier otro aspecto de la vida del afectado que podría requerir de atención.

Pero no sólo esto. La ansiedad que genera la idea de quedarse sin teléfono móvil y la necesidad de consultarlo constantemente producen un nerviosismo generalizado, que puede incrementarse de manera dramática en determinadas situaciones, hasta el punto de condicionar la vida del afectado.

Por ejemplo, el nomofóbico puede llegar evitar viajar o acudir a zonas en las que la cobertura puede ser deficiente, porque eso supondría su “desconexión”. O puede eludir ir a lugares en los que no disponga de una fuente de electricidad cercana en la que poder conectar su dispositivo, por miedo a quedarse sin batería. Todo ello, teniendo en cuenta las necesidades de nuestra vida cotidiana, puede suponer limitaciones que la afecten seriamente.

Además, otro efecto dañino se produce a través del insomnio. Algunos nomofóbicos llegan al punto de alterar su sueño hasta despertarse en innumerables ocasiones durante la noche, con el fin de comprobar que siguen disponiendo de conexión y consultar actualizaciones en sus redes sociales, etc.

Un estudio realizado por la Dra. Paola Escobar, del Instituto de Neurocienciad de Guayaquil, revela que las personas consultan sus celulares alrededor de 34 veces al día.

Estadísticas internacionales señalan que la nomofobia puede ser más frecuente en los usuarios jóvenes de celulares inteligentes, que son los dispositivos que generan mayor dependencia por la amplia navegación que permite.

Existen más de 7 mil millones de personas en el mundo que usan un dispositivo electrónico para comunicarse, cifra que va en aumento, dada la innovación en la que incurre la tecnología en la comunicación e información para enganchar a más usuarios cada día.

Actualmente, la nomofobia no está considerada todavía como una patología o un trastorno del comportamiento, pero lo cierto es que es consecuencia de una adicción al uso descontrolado del teléfono celular.

Es importante conocer los síntomas más comunes que genera la nomofobia. Los más importantes son:

  • Palpitaciones
  • Sensación de ahogo
  • Angustia
  • Desesperación
  • Alteración del sueño
  • Necesidad de revisar el teléfono innumerables veces
  • Malas relaciones interpersonales
  • Falta de atención a lo que ocurre a tu alrededor

La persona no se da cuenta de que padece nomofobia, porque el celular se ha convertido en una herramienta que permite comunicarse de manera directa con su familia, el trabajo y en el diario vivir. Adicional, la adicción a las redes sociales y a los dispositivos electrónicos es real y se deben tomar las medidas necesarias para no dejarse afectar.

Según  expertos, la nomofobia puede combatirse siguiendo estos consejos:

-Encontrar momentos de desconexión total.

Es una costumbre que sirve para acostumbrar al cerebro a la idea de que habrá instantes de desconexión y estos serán no sólo buenos, sino necesarios. Momentos como las comidas o, por supuesto, las horas de sueño, deben ser totalmente respetados, prescindiendo por completo del teléfono móvil.

-Diferenciar entre vida real y vida virtual.

Una de las principales causas de la nomofobia es la idea de otorgar a aquello que se experimenta por la vía online de un status igual o incluso superior a lo que experimentamos en nuestra vida “real”.

Sin embargo, hay que entender que nuestra “vida virtual” no es más que una faceta parcial de algo mucho más grande, que es nuestra vida real.

-Utilizar limitaciones a la información que recibes.

¿Eres adicto a las notificaciones de lectura? ¿Pasas en día comprobando si tus contactos han leído tus mensajes? Con frecuencia, las aplicaciones de mensajería te ofrecen la opción de eliminar estas opciones que tanta ansiedad pueden crear. Utilízalas; no necesitas estar todo el día pendiente de lo que hacen o dejan de hacer los demás.

-Utilizar sólo las apps que realmente necesites.

Instalar un sinfín de apps (especialmente redes sociales) en tu teléfono móvil puede ser toda una trampa. Al multiplicarse las opciones de comunicación, el nomofóbico incrementa su necesidad de alimentar su adicción. Por ello, no instalar tantas aplicaciones puede ser una buena manera de evitar la tentación.

La tecnología está presente en nuestras vidas para ayudarnos, no para convertirnos en esclavos. Por eso, el uso racional de ésta siempre será una opción inteligente. Y si no eres capaz de hacerlo por ti mismo, no dudes en pedir ayuda. Para ello, por ejemplo, existe un blog denominado  eHorus.