Con avances tecnológicos, de vuelta al pasado

Estaba leyendo al israelí Yuval Noah Harari y entré en pánico. Luego me calmé porque no estaré, es seguro que no viviré para ver lo que el vaticina: una humanidad tecnológicamente avanzada, pero cada vez más dividida y menos humana. Un lugar donde las personas cada día vamos a importar menos y a ser menos necesarias. Dice este señor que vamos a volver al vivir como en esas sociedades antiguas en las que moría o se extinguía un gran porcentaje de la población y los líderes ni cuenta se daban.

Pues así las cosas, en su libro “Homo deus, una breve historia del mañana” –también es el autor de “Sapiens”- se vaticina que aunque la vertiginosa carrera de mejoras y descubrimientos tecnológicos ha combatido y va a erradicar seguramente enfermedades como el cáncer y el SIDA, y dará pasos inimaginables respecto al rejuvenecimiento y el hambre en el mundo, los valores humanísticos como la igualdad, la democracia y la libertad, y todo lo que de ahí deriva por supuesto, no van a poder sostenerse al ritmo de los chips y los algoritmos.

Pues sí, vamos a vivir más, o mejor, las personas van a vivir más y mejor en cuanto a salud física gracias a la bioquímica y la inteligencia artificial, pero la carrera va a llevar a la humanidad a convertir hombres en homodeus y ahí la cosa se va a complicar. Qué miedo. Pánico.

Por ir hacia adelante sin respiro, vamos a ir para atrás como cangrejos. Todo por pensar que avanzar es adquirir cada día más capacidades que antes se otorgaban sólo a los dioses.

Y claro, el poder sobre la tecnología estará en manos de pocos y ahí volverá a profundizarse la zanja de desigualdad e inequidad, que por siglos nos venía preocupando a muchos. Una buena mayoría de gente no se va a necesitar y va a quedar relegada, todo lo contrario a lo que sucedió en los siglos XIX y XX en que las grandes masas han sido vitales para mover al monstruo de la economía. Ya no será así. Ese es el augurio. La riqueza (el poder y el conocimiento) volverá a manos de pocos, los monopolios se fortalecerán y el valor humano pasará al traste.

A este negro futuro, al que vamos confiados todos ya como a un desbarrancadero, Noah Harari lo bautiza como dataísmo. Con esto quiere explicar que la cantidad de datos biométricos y el poder de la computación nos van a terminar aplastando, es decir, que los algoritmos nos van a entender más a nosotros que nosotros mismos. En pocas palabras, lo seres humanos le vamos a ceder el poder, incluso de nuestros propios seres, al algoritmo que será más inteligente y perfecto que nosotros.

No me explico cómo los humanos podemos ser tan brillantes y tan inmensamente imbéciles al mismo tiempo. Estamos creando a los monstruos que nos van a devorar. Ya vamos allanando camino, de algún modo nuestra paz, autoestima, sonrisa y buen sueño están cediendo terreno y se las hemos entregado a las pantallitas. Eso sí, no tendremos cáncer ni alzheimer, ya no nos saldrán arrugas y podremos reemplazarnos un brazo o un órgano como cambiarnos de ropa, y vamos a vivir hasta los 140 años, pero en las manos de las máquinas. Tantas guerras y tanta sangre y tanta historia para nada.

Qué miedo. Qué impotencia. Qué estupidez.