• YouTube tiene alrededor de dos mil millones de usuarios mensuales, en cifras de Business of Apps

  • Según Statista, solo en Estados Unidos, la plataforma generaría cinco mil 470 millones de dólares en 2020

  • A escala internacional, se espera que la empresa genere ese mismo año unos 11 mil 760 millones de dólares

Las publicidad digital es apartes iguales útil y controversial. Por una parte, genera cantidades récord de riqueza, conforme se roba los presupuestos designados a canales tradicionales. A la vez, plataformas como YouTube, Google, Facebook e Instagram están frecuentemente en problemas. Entre los factores que más afectan a su negocio, están los retos de reputación de marca y la privacidad de datos privados. Pero también la transparencia es un tema frecuente.

El asunto de la transparencia también es cada vez más relevante para los consumidores. En cifras recopiladas por ZDNet, nueve de cada 10 personas dejaría de comprar a marcas sin procesos claros. Annex Cloud reafirma que, en el otro lado de la moneda, 85 por ciento del público respaldaría a una empresa durante una crisis si tienen un buen historial. Esto a su vez provoca que, como apunta INC, se puedan formar relaciones más largas con el público.

Así pues, la transparencia parece ser un buen negocio para las marcas. Al final, el objetivo final de las compañías es satisfacer a sus consumidores para convencerlos de seguir adquiriendo sus productos y servicios, ¿no? La verdad es que el asunto es un poco más complejo. No solo muchos corporativos se sienten incómodos cuando existe mucha exposición sobre sus actividades. Además, como podría descubrir YouTube, no siempre es lo mejor para el negocio.

Una nueva política de transparencia en YouTube

Bloomberg apunta que YouTube acaba de anunciar un cambio a una de sus políticas publicitarias más controversiales. De acuerdo con la plataforma, las vistas pagadas dejarán de contar para el ranking de éxitos musicales de su sitio. Anteriormente, artistas y discográficas pagaban para que sus videos aparecieran como anuncios en otros videos del sitio. Las vistas contaban para las listas diarias de canciones en tendencia de la empresa hermana de Google.

Con este cambio, artistas y discográficas teóricamente ya no podrían inflar sus números en YouTube. Cuando menos, no en los registros de canciones más exitosas. Si bien estas vistas pagadas no serán contadas para los rankings internos de la plataforma, se seguirán reflejando en el contador regular del video. La empresa afirmó que la meta de la iniciativa es dar mayor transparencia al entorno y asemejarse a los números reflejados por firmas como Nielsen.

¿Decisión comercial prudente?

YouTube no es la única compañía de tecnología que ha tratado de mejorar el estado de transparencia de su plataforma. Facebook hace poco cambió sus políticas de reconocimiento facial para que los usuarios pudieran tener mayor control sobre cómo su sistema reconocía sus rostros en fotos y videos. Agentes como Oracle y Teads también han trabajado para cambiar sus métodos de venta y compra de medios para crear un ecosistema más saludable.

Desde un punto de vista de reputación y responsabilidad, el movimiento de YouTube es muy adecuado. Dejar que los artistas pudieran comprar sus lugares en las listas de éxitos parecía una práctica poco ética desde cualquier punto de vista. Hacer la distinción entre obras realmente populares y canciones con gran respaldo financiero no solo es un buen precedente. También puede mejorar la confianza del público en las prácticas de la compañía de videos.

Por otro lado, es evidente que YouTube perderá una fuente importante de ingresos. Una vez que los artistas no puedan comprar la cima del ranking, habrá un incentivo menor para invertir en sus formatos publicitarios. Claro que, discográficas y artistas aún estarán interesados en promocionar sus videos. Pero el dinero que le pongan en cada sesión será mucho menor. Así pues, tal parece que la plataforma pagará, literalmente, el precio de ser una empresa ética.

Algo irónico, pero reconfortante, dado su historial de prácticas poco responsables.