A mediados de esta semana, diversos medios retomaban la noticia que podría cambiar el entorno digital -e incluso económico- tal y como lo conocemos ahora. El servicio de noticias de Dow Jones (dueños de The Wall Street Journal) publicaba un boletín en el que se aseguraba la compra de Apple por parte de Google en un transacción con un valor de 9 mil millones de dólares.

La información que llegó como la noticia de la década, fue acompañada por diversos teletipos que explicaban que el acuerdo estaba ligado a ciertas cláusulas en el testamento de Steve Jobs así como otros en los que se afirmaba que Google había dado el visto bueno a la compra con textos como “Google says Yay” que aunque coloquiales, tuvo cierto impacto entre quienes hicieron eco de la noticia considerando la fuente que divulgaba la información.

Como era de esperarse y al considerar la importancia que ambas firmas tienen en la actualidad, una gran cantidad de bots que operan en dicha Bolsa de Valores se dedicaran a comprar acciones de Apple, hecho que disparó su valor. De acuerdo con diferentes medios de comunicación, en apenas unas horas el precio por papeleta se disparó hasta dos solares para alcanzar los 158 dólares por acción, mientas que el volumen de transacciones paso de 100 a 800 hasta llegar a 2 mil 240.

No obstante, el revuelo que se vivió por algunas horas gracias esta información fue apagado por la aclaración de Dow Jones Newswire, en donde indicaba que todo había sido un error ocasionado por la prueba de un nuevo sistema tecnológico y los titulares publicados eran falsos.

La falsa compra de Apple por parte de Google es un ejemplo del complejo entorno que están empezando a experimentar las empresas en un mundo en el que los algoritmos inteligentes ganan relevancia ante la inmediatez que el mercado demanda.

Más allá de la difusión de una noticia falsa a casa de un recursos tecnológico, es interesante voltear a ver lo sucedido en el terreno económico.

El valor de las acciones de Apple, en menor o mayor medida, se vio influenciado. A pesar de que la información podría no tener sentido a los ojos del razonamiento humano, eran datos absolutamente lógicos para un bot.

Los algoritmos que trabajan en la Bolsa de Valores interpretaron los titulares partiendo de palabras clave y el análisis de tendencias anteriores, con lo que al verificar que la información veía de una una fuente calificada como confiable reaccionaron en consecuencia.

Es justo en este punto en donde se ponen de manifiesto los peligros que aún tienen los algoritmos inteligentes aún cuando son herramientas y recursos que crecen en niveles de adopción a lo largo y ancho de todas las industrias.

Celia Chávez, marketing manager de Nestlé México, sostiene que “la inteligencia artificial nos va a permitir en el futuro cercano quitar los trabajos que las personas no quieren hacer, va a facilitar capacidad cognitiva de toma de decisiones y descubrir cosas que no sabía que le interesaban”.

De esta manera no resulta extraño que proyecciones de Gartner indiquen que en los siguientes dos años el 45 por ciento de las compañías de más rápido crecimiento tendrán más algoritmos o sistemas inteligentes que empleados, mientras que en 2020 los robots o bots inteligentes facilitarán el 40 por ciento de las interacciones móviles.

Si bien lo anterior es una realidad que cada vez toma mayor solidez, es importante no perder de vista que hablamos de un terreno que debe ser explorado con cautela. A medida que los avances en la materia se optimizan y el uso de los mismos para fines de establecer conexiones de valor con los targets es más sofisticado, las empresas pueden caer en el error de centrar su atención y esfuerzos en la tecnología per se, olvidando que estos avances sólo tienen valor para el negocio de una organización cuando son capaces de sumar a la creación de valor en función de contextos que no siempre son posibles analizar mediante la tecnología.

De acuerdo con datos de la IFR, en 2010 se contabilizaban un millón 059 mil robots industriales autónomos activos, cifra que durante 2018 alcanzará los 2 millones 237 unidades.

En otras palabras, es importante replantearnos la importancia de integrar a las nuevas fórmulas tecnológicas el sentido y lógica humanos, que aunque parece reaccionar más lento que dichos avances, aporta un aspecto vital en la toma certera de decisiones: sentido común en función de un contexto.

Entre 2016 y 2025, según pronósticos de Tractica, los ingresos mundiales generados en el mercado de aplicaciones relacionados com inteligencia artificial crecerá de 357.89 millones a 7,714.17 millones de dólares.

Estas cifras no pueden ser ignoradas como preámbulo del mundo que nos espera; sin embargo, como concluye Matías del Campo, director general de DDB México, “no hay que volverse loco con todos los avances tecnológicos. Los avances tecnológicos están ahí y hay que utilizamos en el momento y con la funcionalidad del objetivo buscado. La tecnología es un facilitador. Hay que aprender a usarla y ser creativos así como estratégicos en su utilización”.