• Durante 2018, Aeroméxico transportó más de 21.88 millones de pasajeros, de acuerdo con Statista

  • Por su parte, también en datos del sitio estadístico, Emirates dio servicio ese mismo año a 58.49 millones

  • Según el Departamento de Investigación de Merca 2.0, ambas marcas son de las que mejor desempeño financiero tienen

Desde el 30 de mayo de 2018, Aeroméxico tiene una enorme riña legal con su rival Emirates. Esto, por la apertura de una línea entre Barcelona y la Ciudad de México (CDMX) que la línea mexicana acusa de competencia desleal. En las últimas semanas, la batalla ha escalado y ya alcanzó un punto de plena hostilidad entre las marcas. Según El Financiero, la compañía de Dubái acusó a su enemiga de emprender una “campaña pública de desinformación”.

En respuesta, Aeroméxico emitió un comunicado asegurando que Emirates miente en varios puntos. Señala que no tiene permisos para volar en México, ni respeta el estado de derecho. Asimismo, señala que no hay argumentos para abrir una línea entre la CDMX y Barcelona. Incluso agregó que su rival de Dubái no ofrece derechos laborales a sus empleados. La pelea entre las marcas parece, por el momento, inclinarse a favor de la compañía extranjera.

¿Quién sale ganando en un conflicto entre marcas?

No es poco común que dos compañías rivales lleguen incluso a juicio. Hace unos meses, AB Inbev y Miller Coors terminaron una batalla legal a raíz de un comercial con información falsa sobre dos marcas de ésta última. Louis Vuitton, en mayo, acusó a una rival asiática por el presunto plagio de uno de sus productos. También eBay ha tratado de demandar a Amazon por presunta competencia desleal.

Más allá del espectáculo de ver a dos grandes marcas luchar en la corte, ¿es beneficioso que dos compañías entren en conflicto? Según la Comisión Europea, la rivalidad entre negocios es positiva permite mejorar precios y calidad para los consumidores. Por otro lado, Chron señala que el conflicto puede ayudar a fomentar ideas e impulsar la moral de los colaboradores. La Universidad de Pennsylvania incluso apunta que podría usarse como estrategia de marketing.

Si bien es cierto que estas ideas son correctas, también parece que solo llegan tan lejos. Parece que el conflicto entre las marcas aéreas podría estar evolucionando en algo mucho más hostil y contraproductivo. Cuando las peleas entre las compañías las motiva a ser mejores, la competencia es buena para todo el entorno. Pero cuando estos enfrentamientos se desarrollan en desprestigios y acusaciones, hay pocos beneficios tangibles para el público.

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