Para nadie es un secreto que las redes sociales como Facebook son un jugador protagónico dentro del proceso electoral que, desde ahora vive México. Estos espacios de interacción social representan para los ciudadanos no sólo un medio de acceso a la información, sino también un canal para fijar posturas y establecer exigencias en términos políticos y social. Esto es bien conocido por los candidatos y sus equipos estratégicos quienes encuentran en plataformas como Twitter y Youtube un espacio para conectar de manera directa, a menor costo y con gran alance a sus audiencias meta.

De acuerdo con la Asociación de Internet.mx, que para 6 de cada 10 mexicanos las nuevas tecnologías y herramientas derivadas de internet los acerca a los procesos democráticos en México.

De igual manera, una encuesta realizada por el Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados reveló que los ciudadanos mexicanos están de acuerdo en que el gobierno a través de redes sociales proporcione información sobre acontecimientos relevantes (81.1 por ciento); recopile opiniones y peticiones ciudadanas (81 por ciento); promueva su imagen (50.4 por ciento); o brinde información de transparencia (87.7 por ciento).

Aunque en teoría la demanda de los usuarios se concentra -cuando menos en teoría- en recibir información útil para tomar decisiones de voto mucho más estudiadas, lo cierto es que las redes sociales se ubican como un terreno fértil para la proliferación de noticias falsas y “bots políctiso” cuyo fin es influir en la percepción sobre ciertos candidatos o corrientes políticas sin fundamentos sólidos para favorecer ciertos intereses.

El riesgo es grande en el mercado mexicano. Durante 2017, el estudio “Troops, Trolls and Troublemakers: A Global Inventory of Organized Social Media Manipulation”, realizado por la Universidad de Oxford, advertía que el Gobierno de México formaba parte de una lista de 28 países que utilizaban cotidianamente los servicios de lo que llamaron “soldados cibernéticos”.

Con esto en mente, compartimos tres recomendaciones para evitar ser engañados por estos bots políticos que trabajarán a favor de la guerra sucia durante estas elecciones:

Identifica usuarios reales

No basta con que el perfil cuente con una foto o una breve descripción del usuario. Revisar su actividad histórica es fundamental para determinar si estamos frente a un bot o a un usuario real.

De acuerdo con diversos estudios, una persona activa en redes sociales publica en promedio 3 veces por día en cada red social contenido propio, en donde la diversidad de los temas es una constante. En caso contrario, los bots replican publicaciones a lo largo del día.

El uso de herramientas de monitoreo de cuentas como Social Blade (que permite conocer los datos detrás de cualquier cuenta en redes sociales como Youtube, Twitter o Instagram) serán e gran ayuda.

Más fuentes y verificadas

Como usuario es vital asumir la responsabilidad de verificar aquella información que se comparte en redes sociales. Esta premisa es especialmente importante en medio de procesos como las elecciones presidenciales.

En este sentido, las redes sociales no deben entenderse sólo como una forma de reforzar ideas o criterios propios; de seguir por este camino, no quedará espacio para la pluralidad y la información con argumentos, hecho que por definición traerá mayores posibilidades de ser parte de los engaños de un bot.

Denuncia

Espacio de interacción social como Facebook y Twitter cuentan con una facón que permite marcar contenido considerado como malintencionado, perjudicial o fuera de las normas que establece la plataforma social. Estas opciones deben ser empleadas con responsabilidad y criterio, de lo contrario sólo servirán para acrecentar el poder que puede tener un bot.