2014: México en el borde (parte 2)

Temor es el sentimiento generalizado en México que se deriva de la incertidumbre por las modificaciones fiscales, la violencia criminal, así como los abiertos actos de insurgencia, como las autodefensas y otras formas de guerrilla, todos ellos hechos que por supuesto influyen en el consumo y por lo tanto en la respuesta del público a las acciones de mercadotecnia.

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Y sí, justo como se muestra en la parte 1 de esta contribución, en donde se aprecian videos de consumidores que se rehusan a pagar el IVA en determinadas cadenas de autoservicio, es una situación que a esta fecha no se ha detenido y que sin duda representa una reacción de la población ante un hecho que ha interpretado como una afectación directa a sus intereses.
Analistas económicos en diversos medios han mencionado la forma en la que la inflación durante el primer mes del 2014 ha impactado en el poder de compra de los mexicanos y sobre cómo las reformas fiscales inciden en las finanzas de las empresas, así como que su carácter es francamente opresor, ya que además de que incrementa los gravámenes, también obliga a los contribuyentes y a las instituciones bancarias a declarar sobre determinadas cantidades de dinero que pasen por el sistema financiero.

Las amenazas para el consumidor

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Entonces, los síntomas que enseñan los eventos es que los mexicanos se sienten amenazados en su seguridad financiera y no conforme con ello, el tema de la seguridad física no sólo no se resuelve, sino que crece.
Elaborada por el INEGI, la Encuesta Nacional de Seguridad Urbana revela que durante diciembre de 2013, el 68 por ciento de la población de 18 años y más teme ser víctima de la delincuencia en las 32 principales ciudades del país, en tanto 69.6 por ciento percibió como poco o nada efectivo el desempeño de las policías estatal y municipal para prevenir y combatirla.
Y lo peor es que la percepción de la gente es que estas condiciones para los próximos doce meses “seguirá igual de mal” o “empeorará”, porque además es algo que percibe en las calles.
En la editorial de diciembre de la revista Forbes, su editor en jefe, Andrés Tapia, cuenta la manera salvaje en la que los empresarios del norte del país son amenazados, chantajeados y abiertamente violentados o ultrajados por grupos criminales, sin que las autoridades sean capaces de poner un alto.

Las reacciones de la sociedad

De lo anterior se entienden los hechos que en estados como Michoacán, Tamaulipas y Guerrero, han llevado al surgimiento de las llamadas autodefensas de manera que han relevado a las autoridades municipales y estatales de sus funciones, para enfrascarse en una abierta defensa de grupos como el de La Familia Michoacana, en un claro mensaje de “si el Estado no puede, nosotros veremos cómo sí podremos”, con todos los riesgos que implican. Incluso senadores de la república han manifestado que se declare la desaparición de poderes en la entidad.
De este modo, el escenario para iniciar el 2014 no resulta prometedor, salvo por aquello que marginalmente represente la Copa del Mundo de Brasil y las empresas que le saquen provecho. Sin embargo, pese a ello, el temor general permanecerá latente y dudamos que exista algo que en el corto plazo que nos impregne de confianza y optimismo, al contrario, las cosas no están bien, la paz social se sostiene de una tachuela.

Las distorsión de las elecciones personales

Por supuesto que semejante coyuntura le complica el trabajo a los empresarios, directores, mercadólogos, comunicadores y publicistas, en primer termino porque el miedo, como menciona Emily Vuong en su artículo Terrorism, fear and the impacts on economic rationality, tiene un efecto que distorsiona las creencias y las elecciones personales, como el tomar la decisión de no consumir un objeto afectado por una situación de riesgo asociado, o por otro lado, porque se toman medidas costosas de reducción de riesgos, que al final redundan en la disminución de las utilidades o en el incremento lógico del precio de mercado o al consumidor.

Caída de hasta 50% en el poder de compra

Así, el panorama con el que se cuenta en el país ofrece condiciones negativas para las actividades de distribución de las empresas, incide en el aumento de los precios, lo que es obligado por la influencia derivada de los incrementos en los nuevos impuestos, los precios de los combustibles y las medidas de contención de riesgos, una merma inmediata en el poder de compra y el ánimo de los consumidores (algunos analistas la calculan de mínimo el 10 por ciento, pero de hasta el 50 por ciento en El Informador, Poder adquisitivo de consumidores se reduciría a la mitad), cautela extrema en la inversión y liberación de presupuestos, franca reducción de costos y gastos operativos, y por lo tanto, baja generación de empleo o desarrollo del desempleo, lo que redunda en recesión.

Para finalizar con esta segunda entrega, la semana entrante se abordará sobre cuáles pueden ser las acciones a ejercer por las empresas para de alguna forma resarcir el poco estímulo que la realidad vigente ofrece.

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