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Juan Mario Cardenas

Clases de mercadotecnia por Charlie Sheen

Por Juan Cárdenas
Twitter: @Desautomatas

Este pasado domingo durante la entrega de los Emmys, los premios que otorga la academia de Artes y Ciencias de Televisión en EUA, Charlie Sheen agradeció a sus compañeros del programa Two and a half men por el tiempo compartido y afirmó que sin duda seguirían haciendo muy buen trabajo. Al día siguiente se estrenó la nueva temporada, teniendo a Ashton Kutcher como principal protagonista, mientras tanto la cadena Comedy Central transmitió el especial Roast of Charlie Sheen, y dos grandes logros se dieron en cuanto a ratings.

Por un lado el programa de Sheen se convirtió en el más visto de la serie de “roasters” alcanzando más de 6.4 millones de telespectadores. Mientras la poderosa cadena CBS consiguió 27.7 millones de ojos viendo al personaje Walden Schmidt (Kutcher) tomar el lugar de Charlie Harper. Para ambas el número fue muy grande, y ambas compartieron el mismo elemento para tal éxito: Charlie Sheen.

Un tipo honesto que representa muchos de los grandes vicios que hoy por hoy generan ratings en cualquier medio. Borracho y consumidor de drogas, sale y se acuesta con prostitutas o pornstars. ¿Cómo alguien así ganaba millones con una serie (y ganará muchos más, alrededor de 100 millones en los próximos diez años por derechos y regalías? La respuesta no es portándose mal, sino haciéndolo de forma descarada.

Charlie Sheen representa constantemente el sueño de todo hombre. Su trabajo es divertirse en televisión y cine, salir por la noche a una fiesta VIP llena de gente famosa y deportistas profesionales en un auto deportivo y antes de regresar a casa a dormir con sus dos mujeres gasta unos miles de dólares en un table dance. A la mañana siguiente manda al diablo a su jefe públicamente. He ahí una imagen aspiracional.

Todo lo que hacía Charlie Sheen vende, y vende muy bien. Sin embargo, son industrias que no gozan de promoción ni publicidad tradicional, no vemos espectaculares con promociones de “En esta Navidad, celebra a papá: prostitutas al 2 x 1”. Suena escatológico incluso, Navidad, papá y prostitutas no son palabras que usadas en la misma frase, no encajan en una conversación social estándar. Sin embargo, los vicios son mercados reales, muy lucrativos. ¿Se puede aprender algo de esto? ¿Es necesario volverse famoso y descarado para conseguir la cantidad de seguidores en Twitter que logró Sheen en su primera semana  (casi 4.9 millones actualmente)?

Sabemos que no, existe el opuesto, la diferencia es que hay pocos Charlie Sheen y muchos “buenos tipos”. Hace tiempo una amiga me contó acerca de una respuesta dada por  Gael García cuando le preguntaron sobre una aventura con alguna de sus fans, y él siendo un sex symbol evadió el tema y dijo que él se concentraba en su trabajo y bla bla bla; que debería ser algo más atrevido, incluso manejar una imagen así y ser inteligente. En esa respuesta podría haber jugado diciendo que ha habido algunas o yo qué sé. Algo más ad-hoc a su perfil joven, rebelde, diferente, lo qué sea. Ese creo, es el aprendizaje para entender y usar en comunicación.

A nadie le va a sorprender si mañana sale un video casero de Sheen con alguna actriz famosa, lo arresten de nuevo por mal comportamiento, o se publiquen fotos de él con otra mujer (si acaso aplica). Pero vean qué sucede cuando ello pasa con Tiger Woods por ejemplo, Pee Wee Herman, Kalimba, o cualquiera cuya imagen sea manejada en el común social. Es un desastre, puede tener graves repercusiones y altos costos.

Creo que el caso de Charlie Sheen debe ser adoptado como ideología de vida o hasta política laboral, pasando a la honestidad primero y sin llegar a su necesario cinismo. No crear personajes, sino explotar las cualidades y personalidad de la persona o empresa, del medio, del producto o servicio respectivo. Sin que tampoco sean actos peyorativos, ofensivos ni mucho menos ilegales los únicos válidos para esta ejecución, sino extraordinarios.  Facundo en cierta medida me parece que es un buen caso, Lulú Petite, la escort y columnista de El Gráfico es otro; aunque a ninguno de los dos conozco y no puedo garantizarlo. Pero los tomo de ejemplo como figuras públicas venden su esencia y originalidad de forma honesta a lo que ellos son y en lo que se desempeñan.

Algunas campañas publicitarias han intentado vender “verdad”, pero no es lo mismo. Para empezar ello siempre implicará lo contrario. El caso de Sheen es crudo, honesto, como sucede sí muchas veces en el arte, pero ¿será posible realizarlo en medios de comunicación, mercadotecnia, imagen corporativa? ¿Conocen ya algún caso?

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