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5 razones para descolgarte de WhatsApp

La tecnología tiene ventajas y desventajas. Extraer lo mejor de WhatsApp depende del modo en que se utilice la aplicación.

Santiago, Chile.- Mi último Smarphone tiene sólo cuatro meses de vida y ya comenzó a presentar fallas de funcionamiento (¿obsolescencia programada?) por lo que tuve que llevarlo al servicio técnico. La compañía, gentilmente, me entregó un aparato en préstamo y me advirtió que los números serían reseteados. Recién caí en la cuenta de que había estado guardando la información en el equipo, no en la tarjeta, pero en beneficio del tiempo di la autorización para borrarla. Sin números en el nuevo aparato, la utilización de WhatsApp no tenía sentido, por lo que sólo me aboqué a la tarea de recuperar los números frecuentes. Entonces, vinieron las dudas sobre la aplicación.

Alguna vez dije que nunca bajaría  WhatsApp – cosa que, claramente fue aventurada- pero después de caer en la tentación,  rápidamente me acostumbré a ella y fui disfrutando de sus ventajas. Hoy, en un descanso de globitos verdes y double checks azules y negros, me planteo las razones para el descuelgue definitivo.

Ansiedad. Los seres humanos somos ansiosos (sí, las mujeres más) y la ventaja de tener una comunicación directa con una persona o con un grupo, se vuelve desventaja si sabes que tu mensaje ha sido recibido y no tiene respuesta inmediata, como lo esperas. Es decir, no importan aquí los colores, ni los tickets. Se asume que el otro tiene el texto a su disposición apenas abre el teléfono. Si no responde durante algunas horas, genera duda y ansiedad.

Presión laboral. La aplicación no sólo se utiliza para lo social- aunque depende de cada uno, en realidad- sino que sirve de herramienta comunicacional entre colegas, jefes y subordinados. La presencia constante del ámbito laboral en la vida personal, limita el descanso y por más que alguien agregue la frase “disculpa que te moleste a esta hora” ya lo hizo y uno lo permitió al incluir el teléfono entre los contactos.

Falta de privacidad. Es cierto que todos los sistemas de comunicación son poco seguros y no hay ninguno que nos jure privacidad total. Sin embargo, basta con que aprietes una tecla en una conversación de WhatsApp, para reenviar el contenido a otro usuario. Y no es falta de confianza, no, es una realidad que limita seriamente la privacidad.

Acceso a tus datos. Como toda aplicación, al bajarla estás aceptando que el sistema tenga acceso a tus datos. “Quien nada hace, nada teme” dice la gente, sin embargo, tus datos se relacionan con datos de todos tus contactos y ahí está el peligro.

Limita la comunicación real. Nada más desagradable que sentarse a compartir un café o un trago con alguien que mira cada cinco segundos su teléfono. Y es tan común la costumbre que ya parece un gesto de mal educación pedir al acompañante que guarde el dispositivo, para poder comunicarnos cara a cara, de forma efectiva.  Es decir, el ladrón detrás del juez.

Aclaro que todo esto es un análisis personal y muchos de los puntos tienen tus bemoles. Probablemente, cuando tenga mi teléfono de vuelta, volveré a bajar la aplicación, pero también utilizaré algunas de estas reflexiones para mejorar su uso. ¿Te servirán a ti también?

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